martes, 16 de mayo de 2017

Cuida bien tus estrellas, mujer


No puedo dejar de decir
que hay idiomas perfectos por descubrir
y que son olvidados frecuentemente
en el tedio del tiempo
y hay que buscarlos
Silvio Rodríguez
- "Me encantan", casi gritaste.
Y como para demostrarlo, me abrazaste.
No era necesario, tu cuerpo entero, tu expresión, tu sonrisa, me permitían adivinarlo sin que tú necesitaras decir algo.
- "Me siento tan yo contigo. Yo, me, mi, contigo".
Levanté el rostro que llevaba clavado en el cielo, esperando el momento en que coronarías tu anterior expresión con un rugido, el instante en que lo cercenarías de un certero tajo.
- "Aunque también puedes ser un animal despiadado a veces, ¿sabes?", sentenciaste.
Exploré los contornos de tu sonrisa: el hoyuelo de tus mejillas me permitían avizorar la posibilidad ondulante de un escape.
- "Eres malo... y me haces daño", remarcaste, "terriblemente malo.. pero te quiero, ¿Qué puedo hacer?"
Estabas en tu etapa reflexiva, donde la conclusión se presentaba ante mi como un terreno ignoto, inexplorado, ante el cual había que caminar de modo oscilante, como en medio de un túnel oscuro. A tientas.
- "Igual me encantan", volviste a decir, mientras tus manos jugueteaban con las estrellas. "Pondré algunas en el alfeizar de mi ventana, las demás las colocaré en el techo".
Asentí y ensayé una sonrisa neutral, anodina.
De pronto me miraste muy fijo. Noté tus ojos oscuros aguarse y desdibujarse lentamente la expresión que perfilaba tu sonrisa: tus hoyuelos quedaron convertidos en dos valles planos, secos, vacíos.
- "Debes irte ya", dijiste, "Vete pronto, porque en unos minutos no te dejaré marchar".
Cerré la puerta con delicadeza. En uno de los descansos de la escalera llegué a alcanzar la melodía de una canción de Janis Joplin que escapaba por los resquicios de tu habitación:
I know she told you
Honey, I know she told you that she loved you
Much more than I did
But all I know is that she left you
And you swear that you just don't know why
But you know, honey I'll always
I'll always be around
If you ever want me
Come on and cry, cry baby
Cry baby, cry baby

sábado, 15 de abril de 2017

No te enamores de mi, estoy loca

 

"No te enamores de mi, estoy loca", me dijo
No recuerdo lo que pensé en aquel instante
algo así como "¿Y quien no?"
(es lo más seguro).
Luego los días pasaron
-con sus tardes, sus noches y de nuevo sus días-
         -un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña-
Debí haberlo sabido entonces
la suavidad del olor de las rosas
es apenas un anticipo del dolor que prodigan sus espinas
"No te enamores de mi, estoy loca", me dijo
Y sonrió
marcándose un hoyuelo en la superficie de sus mejillas
sonreí también.
Debí tomar con seriedad cada una de sus palabras.
pero seamos honestos
            ¿Quién toma como serias las palabras de una chiquilla a los 16?
"No te enamores de mi", le respondí, riendo.
Ella sonrió también
una de esas sonrisas largas
que hacía que las personas volteasen a vernos en el parque
"Bueno, ya te advertí" y me jaló una oreja.
Debí haber oído
pero había algo en mi alma que me predestinaba
a descubrir ese tipo de muchachas
como una virtud, un sexto sentido, una capacidad de atracción extraña
como una suerte de imán atrayendo polos diametralmente opuestos.
Siempre me ocurría: me enamoraba sin remedio de las muchachas extrañas
de las más frágiles, de los ángeles de alas rotas
de las neurasténicas, de las almas bipolares, de las marginales sociales,
de las muñecas quebradas, siempre.
         -dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña-
Debía haberlo sabido entonces
pero ignoré sus avisos continuos
hasta aquel jueves en que regresaba de noche
de mis clases de francés
y encontré a mi cuñada de pie frente a la puerta de mi cochera
y me susurró con un rictus
"Algo ha pasado, debes ser fuerte"
Y pensé en mi mamá "se ha muerto"
"Cecilia murió" me dijo
          -tres elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña-
La encontró el cuartelero del hotel
en la mañana
mientras hacía la limpieza
la señora del lugar contó a la policía que llegó avanzada la noche
que pidió una sopa, aunque nunca la tomó.
Las noticias de esa semana recogieron el incidente
en sus páginas policiales sensacionalistas
como uno de esos suicidios de adolescentes
que no tienen explicación.
La única explicación quizá
estaba en una nota inacabada
que la policía encontró al ingresar:
el sueño de los barbitúricos la alcanzó
antes de culminar la carta explicatoria:
"Esta carta está dirigida a cada uno de los seres que amo..."
          -cuatro elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña-
Me he preguntado por muchos años
como culminaría esa carta
si luego de alguna coma, punto y coma, punto seguido o punto aparte
mencionaría mi nombre
he recreado en mi mente párrafos enteros dirigiéndose a mi persona
pero nunca he podido culminarlos
ni hallarme a gusto con su contenido.
Mi único consuelo ha sido
imaginarla, de noche, en mi cuarto, riendo, con sus coletas al aire
y diciéndome al oído
mientras hacía un puchero con la boca
que marcaba sus hoyuelos en las mejillas
"No te enamores de mi, estoy loca"
Y pensar que no le creía
              -luego la tela se rompió-.

martes, 21 de marzo de 2017

501

Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks
Sabina.


















Te vi. Te veo. A lo lejos. Tu sonrisa. 
Ese hoyo en tu mejilla.
Tu bipolaridad. Mi nisantropía. 
Tus hileras de mafaldas despeinadas, 
todas iguales, de cabezas robustas.
Tus poses de diva-madura-sensual enredándome
en sus vaivenes, cuasi onda celestial
La voz de pitillo de la cual me burlaba 
y que hacía volar a los pájaros.
"Yo no te busqué", te dije
simplemente llegaste 
como esos artefactos luminosos
que un día sales 
mientas espías el cielo 
-gris, hediondo, nuboso-
y de pronto cae y te golpea en el cráneo.
"Yo no te pedí", te dije
y sin embargo 
caíste
caímos
al unísono
al vacío 
a ese black inmeso
de tu notoriedad y mi melancolía.
"Yo ya te olvidé", dijiste
mientras te tragabas una docena de pastillas
                                                 -esas rojas, azules, coloradas-
Y ya te va entrando ese sueño
aquel sueño 
y piensas que quizá te observe en tus sueños 
y me descubras pensándote
o dibujándote
                          -y no podré negarlo, no-
como en aquél cuento 
que fingías no oír
pero oíste
y ahora repites por más de 500 noches
como esta, tu canción
y por que no, la mía.

miércoles, 25 de enero de 2017

Crecer

"Tiembla mucho de miedo mujer".
Delgadillo

- Quiero crecer contigo - me dijo. Mientras sus piernas buscaban las mías entre la suavidad de las sabanas. Quería decirle mi cosas en ese momento, pero preferí callar.
Mi silencio fue interpretado de la peor manera. De manera brusca se levantó de la cama y casi desnuda, salió corriendo de la habitación, a pesar que afuera en la calle llovía.
La encontré muchas horas después en una bocacalle: tenía el cabello empapado y las lágrimas de su rostro de mezclaban con gruesos gotones de lluvia.
La cogí de la mano, temblaba. Luego la cargué suavemente, y como un niño, le mostré el camino que la devolvería a casa.

martes, 24 de enero de 2017

Sonia (1)

Siempre soñé con estar de novio de una chica de piernas perfectas y larguísimas, divinamente estilizadas hasta el infinito. Pasé muchas horas en mi habitación, imaginando cómo sería acariciar por horas esos muslos perfectos hasta perderme en el resquicio insondable de sus contornos.
Después conocí a Sonia.
Sonia era todo lo opuesto a la que había soñado: pequeña, gordinflona, con lentes de ratón que daban a su rostro un aspecto entre intelectual y estupido.
Siempre me había pasado: terminaba enamorándome de las niñas oscuras, de las más complicadas, de las muñecas dañadas, con problemas psicológicos e historiales suicidas, siempre.
Sonia canbió mi concepto de ver la vida. Incluso hoy muchos años después, cuando las canas comienzan a poblar mi sien, recuerdo su sonrisa de ratón y aquel sonidillo particular que luego de mezclaba con el llanto, al momento de llegar al orgasmo, luego de hacer el amor.
Tenía que haber pasado por ello, no obstante para entenderlo. Sonia no era para mí mi desde el inicio. O mejor dicho no era para nadie. Estaba destinada a una perpetua soledad de la cual no conseguiría sacarla nunca, aunque me esforzara por esconder sus frascos de pastillas o la navaja con la que solía cercenarse las muñecas en las tardes de lluvia.
- El sonido de la lluvia estrellándose contra el alféizar me pone melancólica - me confesó un día.
Hasta ese día en que la encontré, luego de buscarla por horas tropezando entre charcos y el espesor de las calles repletas. Hasta la que salvé.
Después de eso nunca más volví a ver a Sonia...



domingo, 22 de enero de 2017

Lluvia

Empezó casi si darme cuenta
Una fina garua perfilando mi ropa
Y mi calzado
- Es invierno, pensé
Pero no lo era, era mediados de enero
mitad del verano.
Y sin embargo, esa garúa amenazaba con convertirse casi en lluvia.
Levante el rostro hacia el cielo
Algunos gotones comenzaban a caer
Los besé en silencio, con la punta de los labios
Como se besa a una mujer
Tenían un sabor a inocencia, alcohol, esperanza...