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lunes, 25 de febrero de 2019

Historia de una vagina

Y amaneció. El sol lamía el contorno de sus pies. Entonces se percató que era muy tarde.
Habías dormido no sé cuántas horas ¿tal vez nueve o diez?
Se estiró lenta, parsimoniosamente, como un gatito angora dispuesto a darse un baño de lengua.
Entonces se percató que estaba sola.
"¿Por qué no quiere dormir conmigo?", se preguntó. Los hombres que había conocido hacían prácticamente fila, por tener ese privilegio. Recordaba haber concedido ese placer a algunos cuántos, que luego desaparecieron.
"¿Por qué Joaquín era diferente?"
Rememoró por unos instantes la manera absurda como se conocieron. Ingresó por equivocación a una clase de economía. De esa mañana recordaba algunas frases sueltas y sus ojos, sobre todo sus ojos que parecían comerse el vacío con una mezcla de desazón y tristeza.
Se estiró a lo largo de su sábana. Su cama se le antojó inmensa y se sintió de pronto una enana, a pesar de tener las piernas muy largas, larguísimas.
"Largirucha", le decían en la escuela. Con el tiempo esas piernas flacas se volvieron torneadas y doradas y sus compañeros dejaron de burlarse de ella y comenzaron a invitarla a salir.
Fue mas o menos en esa época donde se le reveló el poder de su sexualidad turgente: un profesor en la escuela decidió aprobarla luego que le permitiera observar sus pechos por encima de su blusa durante unos segundos.
El mundo de los varones se le reveló a partir de ese momento predecible, eran como niños sencillos de manipular, a veces ni siquiera había necesidad de hacer algo, sino simplemente fingir como si "estuviera a punto de pasar algo" para obtener lo que deseaba.
Hasta el momento en que conoció a Joaquín.
Acababan de terminar una discusión. Ella a modo de reconciliación le propuso sexo intentando sentarse sobre sus piernas al tiempo que levantaba su vestido y colocaba su ropa interior a un lado.
Joaquín la deslizó entre sus piernas y la colocó suavemente sobre el asiento. Ella no podía creerlo.
"No", le dijo en voz muy baja, casi en un susurro. "Los hombres de verdad no se enamoran de una carita o de una vaginita bonita", le había dicho aquella tarde. "Debes encontrar aquello que te diferencie de las demás, que te haga feliz, única, irrepetible".
Entonces no lo entendiste. El fin de semana siguiente como para castigar la indiferencia de Joaquín te acostaste con un muchacho que conociste en una verbena de la universidad.
El sol volvió a lamer el contorno de tus pies. Debías levantarte. Pensaste que estaría haciendo Joaquín en ese preciso instante. Lo imaginaste durmiendo con uno de esos pijamas horrorosos -tan poco sexies- que solía usar y que te sacaban siempre una sonrisa piadosa. Sentiste nostalgia. Y sin darte cuenta lo comenzaste a extrañar.
"Lo odio", dijiste para tus adentros e imaginaste todas las posibilidades de castigarlo con otros cuerpos. Te levantaste y metiste a la regadera. El agua de la ducha caía en gruesas gotas tristes, que mojaban tu espalda, tus pechos, tu vagina, tus muslos, tus pies. Te calzaste y pusiste un vestido de marca (de ésos que te hacían sentir importante, sofisticada, deseada). Asomaste tu cabellera castaña por el resquicio del alfeizar. Luego giraste la manija de la puerta y te deslizaste con mucha agilidad hasta la calle. Pensaste en que quizá al día siguiente podrías detenerte a pensar en las palabras de Joaquín. "Hay tiempo, siempre hay tiempo", dijiste para tus adentros, como si recitaras en silencio el rosario. Después de todo, el día estaba tan soleado y se veían tan lindas las sandalias de marca que te acababas de comprar...

jueves, 14 de mayo de 2015

"Entre más largo sea tu silencio, más profundo será tu grito..."

Ahora lo sabía. Quizá siempre lo había sabido, sin atreverse siquiera a pensar.
Esas largas noches, esos cortos días. Las pastillas interminables aferrándose al fondo del frasco: azules, blancas, redondas, grandes, amarillas.
Ahora lo sabía. No era que amara la soledad. Ni la noche. Ni el silencio.
                         ("Te lo dije, honey, adoro cuando el sol se ha ido ya").
Era apenas una manera de poner un alto a ello, de sentirse más real. De hacer mas plausible su humanidad: estar despierto mientras todos duermen, cerrar los ojos cuando a los demás les toca despertar.
El silencio se siente menos opresivo cuando la luz ha huido, cuando las calles oscuras vomitan su soledad.

martes, 20 de agosto de 2013

Gente que nunca estuvo


Hay gente que pasa por tu vida sin dejar huella.
Otros taladran sus iniciales en tu corazón.
Algunos se marcharon y al poco tiempo volvieron.
Olvidé el nombre de un grupo de aquellos.
Con unos cuantos te encuentras de cuando en vez,
te tomas un trago
intercambian datos
escriben direcciones y correos en sus modernas agendas
tal vez tienen sexo
intercambian fluidos
un beso antes de dormir.
Jamás devuelves la primera llamada
ni contestas su postrero e-mail.
Hay números telefónicos que recuerdas de memoria: 543...
Otros los olvidas desde el momento en que te los dieron.
Hay gente que habita en tu memoria... o en tus sueños
que es una extensión de aquella.
Hay personas que están, pero te da lo mismo
(como si no estuvieran).
Existen sujetos que jamás deberían partir.
Hay gente que nunca estuvo.

jueves, 7 de marzo de 2013

Soledad vs compañía

¿Quién dice que no tengo amigos?
Hay una persona que me sigue desde México, otra de España, pasando por Alemania para llegar hasta Argentina. Hay un muchachito de Ecuador, una señora de Venezuela, un joven profesor de Panamá y una jovenzuela croata que estudia español y por esas casualidades del designio encontró esta página.
Hay otros que en el camino perdí, como aquella jovencita suicida que un día decidió cerrar su blog -y quizá su vida- a los ojos de los demás. Como el muchachito preguntón que me acosaba con remembrazas metafóricas de amor, casualidad, olvido, resignación y perdón. Como la señora arequipeña que me amenazó alguna vez por escribir obcenidades que perturbaban el corazón de su joven vástago. Como aquella muchachita que hizo de sus muñecas y de su vientre un carnaval de cicatrices. De la pequeña que se negaba a comer, del jovencito que no podía dormir, del adolescente que ingería 5 pastillas al día, de la mitómana, del que decía masturbarse un promedio de 7 veces al día, de la que era infiel a su esposo, de la que no conseguía marido, del perturbado, del poeta, del escritor frustrado, en fin, de todos aquellos anónimos que de una u otra manera me completaban (o destruían) el día.
Tal vez mi soledad no es sino consecuencia de la certeza de su compañía. O de su ausencia, que no es lo mismo, pero es igual.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Minotauro


Why do I fall in love with every woman
I see that shows me the least bit of attention?
Joel Barish

Me había ocurrido siempre. Me enamoraba sin remedio de las niñitas sin gracia, de las muñecas oscuras, de las muchachas de trapo, de un atardecer tormentoso, de una mañana de abril, una irrealidad o un sueño. Mi capacidad para la detección de nínfulas era inexistente. Carecía de la sagacidad del zorro viejo o del halcón del desierto. Mi método, era mas bien inverso y contra todo pronóstico, me convertía en la presa.
¿Por qué esa capacidad para procurar la redención en las situaciones más insospechadas? ¿Acaso no era sino una derivación de mi instinto suicida que me hacía lanzarme hacia la calidez de un abismo bipolar en lugar de la protección de mi olvido?
Soy el minotauro moderno que el oráculo jamás vaticinó. He conocido mil veces tú muerte y algunas otras tantas, la mía. Mi destino es éste y no otro: olfatear los laberintos insondables del amor sin encontrar jamás su salida.
Mi redención es tu delito. Mi olvido tu condena.

jueves, 23 de agosto de 2012

Presencia

Existen personas que nunca están, nunca estuvieron, nunca estarán.
Por otro lado, existen aquéllas
(quizá al otro extremo del mundo)
que permanecen a pesar de su ausencia
de la reticencia de su aullido
o de su corazón, que es lo mismo.
Que se esfuerza en prolongar su gemido
que mantienen una lucha constante a través de sus lágrimas.
Nada.
Apenas un hoyo en la inmensidad de su vacío.
Todo.

sábado, 26 de mayo de 2012

Prefiero estar despierto mientras los demás duermen

No puedo dormir. Mejor dicho no quiero. Prefiero estar despierto mientras los demás descansan y pensar que estoy solo porque es de noche, porque tengo insomnio, porque siempre me desvelo y encontrar mil y un excusas que sirvan para acallar la verdad.
No puedo dormir. Mejor dicho no debo. Prefiero escribir, dar manotazos de ahogado, ver alguna película, una vez, luego dos, después tres hasta que los ojos se cierren. Hasta que la cabeza me quiere estallar del cansancio.
No puedo dormir. Mejor dicho no todavía. Aún no termina la noche, todavía no comienzan a cantar los pájaros. En unos minutos más llegará el día. Mi vecino de al lado tomará un baño, la pequeña de enfrente llamará a gritos a su madre, llegará el camión de la basura, la ciudad entera comenzará a despertar.
Y yo cerraré los ojos, me arroparé en la cama e intentaré soñar ese sueño que día a día persigo y jamás alcanzo.

lunes, 21 de mayo de 2012

No escribo a causa de la soledad

Me siento solo
pero no escribo a causa de la soledad
escribo porque solo escribiendo
consigo una razón para sentirme de alguna manera.

domingo, 22 de enero de 2012

Mensaje oculto en una botella 2

¿Aún te preguntas que viene despues de la soledad?
¿Es también el cielo parte del mar?

domingo, 8 de enero de 2012

No puedo dormir

¿A qué saben tus besos, hoy?
A canciones. A hierba mojada.
A risas.
  
¿Qué se hace cuando no se puede dormir?
Cuando ya se acabaron las películas que querías ver, los libros que alguna vez planificaste leer, cuando los amigos que tenías se aburrieron ya de tus letanías o quizá duermen mientras tú no consigues pegar las pestañas, eternamente despierto como un Gilgamesh moderno, cerrando los ojos sólo para engatusar a la muerte y tal vez a ti mismo.
¿Qué se hace cuando las pastillas ya no funcionan?
Cuando ya tiraste a la basura los libros de auto ayuda que iniciaste a leer, cuando esa chica que solía pensar en ti ha dejado de hacerlo, cuando quieres escribir y ya no puedes, cuando te has aburrido de masturbarte como un energúmeno, cuando tu familia esta fragmentada, cuando la muerte se burla de ti, con sus blancos dientes, sonriendo, sonriendo.
¿Qué se hace cuando uno deja de sentirse cansado?
Cuando simplemente no te queda ya nada, ni dolor, ni esperanza, ni necesidad, ni recuerdos. Cuando la mano ha dejado de temblarte, cuando decidiste no fumar más ese cigarro, beber ese vaso de alcohol, cuando abandonaste el café, cuando dejaste de querer a esa persona que un día prometiste no dañar y dañaste, no olvidar y olvidaste, no querer y quisiste, no sentir y sentiste.
¿Qué se hace cuando te sientes cansado de vivir una mentira?
Cuando prefieres estar en cama a lo largo del día. Y de la tarde. Y de la noche. Como un sonámbulo, que finje dormir, para engañar al mundo, a sí mismo, pero jamás a tus sueños, a tu corazón.
¿Qué se hace cuando ya has probado de todo?
Cuando la novedad dio paso a la rutina. Cuando te quedaste sin muñecas para jugar, cuando esa serie que te mantenía aferrado a la vida llega a su fin, cuando clausuraron ese restaurante donde comías hace más de 10 años, cuando tu perro termina muriendo de viejo, cuando termina de secarse aquella ponceana que tu abuelo tenía.
 ¿Qué se siente tener la sonrisa partida, el rostro agrietado, la mirada perdida?
Cuando esa pistola que compraste ya no te resulta atractiva, cuando has desechado todas las posibilidades que algún día te interesaron: aquel noviecito por el que morías, las pastillas, un salto desde el andén, brincar desde un quinto piso, una soga rodeando tu cuello, la bolsa en tu cabeza, la piscina, el agua.
¿Qué se siente cuando el suicidio ha dejado de ser una respuesta y se convierta de pronto en una constante pregunta?
¿Qué se siente no poder dormir? Ni fingir que lo haces. O disfrutar del sexo. De aquellos besos robados. De la soledad. De su compañía. O de su ausencia. Que repentinamente se convierten en la misma cosa. Sinónimos.
Qué se siente, finalmente, acostumbrarte a la soledad?
Cuando dejar de soñar se convierte en una constante. Cuando no te quedan mas utopías. Ni canciones por qué sonreir. O llorar. Apenas un recuerdo. Que se va diluyendo como esas sombras en la pared que de chicos hacíamos con las manos, bajo el reflejo de las velas.
¿Qué se siente morir y no obstante seguir viviendo?

domingo, 4 de diciembre de 2011

Soledad

Hoy sentí que no te necesito tanto
me preocupa cuando comienzo
a asimilar, mejor dicho, a pensar,
que mi mejor compañía
es mi soledad y no la tuya.

martes, 7 de junio de 2011

Cronología de un final no anunciado (ii)

Le dije señor q tal soy Pedro se acuerda de mi?
¿Qué fue de su hija?
Me dijo cómo ¿no sabes?... ella murió.
Suárez Vértiz. Talk Show.

07:00
Ya era 06 de junio. Todo estaba consumado en ese instante. El parte policial dictaminó que la hora aproximada de tu deceso fue a la medianoche. A esa hora todos en casa dormíamos plácidamente ignorantes de lo sucedido. Quizá alguno de nosotros tuvo frío o se levantó por la noche a orinar. Pero ninguna de esas cosas fue relevante como para advertir que detrás de tu puerta -permanentemente cerrada- no estabas (no estarías) nunca más.

08:00
Me levanté y a regañadientes me metí a la regadera. Hacía frío, pero no había dinero para comprar una terma. El escaso sueldo de mamá y mi hermano alcanzaba apenas para pagar la pensión de la Universidad. Tomé un ralo desayuno, me puse ese terno plomo que acababa de estrenar no hace mucho y del que estaba orgulloso (mi primer terno adquirido con mis propinas de practicante) y me encaminé a clases. Luego al estudio.

12:00
Alguien tocó la puerta de mi casa. Mi mamá esta sola. Era una señora acompañada de un cura. Sus rostros estaban lívidos y tartamudeaban al hablar. Le preguntaron si es la casa de Cecilia. Mi madre contestó con un sí afirmativo con la cabeza. El padre comenzó a hablar de Dios, del cielo, de un mundo mejor donde el cuerpo no sufre y el alma sonríe por toda la eternidad. Mi madre lo escucha como en medio de un sopor, de una neblina, de un sueño. "Su hija ha muerto", le dice de pronto al ver que no comprendía. "Quiero verla", responde. "Quiero verla", repite.

12:30
Fue sencillo llegar. El hotel quedaba a pocas cuadras de la casa. Hasta en eso habías pensado, Cecilia. No sería prudente hacer caminar a mamá tanto. En el camino se encontró con mi tío Francisco. Una hora después llegó Darío, quien telefoneó a mi otra hermana explicándole lo sucedido. No pudo terminar lo que estaba diciendo, pues mi hermana se desplomó en un llanto que parecía no acabar nunca.

15:00
Los presentimientos. No suelo creer en ellos, pero aquel día no sé por qué motivo decidí salir más temprano del Estudio y en vez de dirigirme a la Universidad a estudiar -como siempre- encaminarme a mi casa. Fue mi cuñada quien me comunicó lo ocurrido. Recuerdo que llevaba el terno puesto. Me desnudé y me coloqué cualquier cosa sobre el cuerpo. Salí como un demente, en dirección al hotel, a pocas cuadras de mi casa. Mis piernas me ardían del esfuerzo, pero eso no me importaba. Cómo odié no poder correr más rápido en aquel momento. Mis torpes piernas no ayudaban.

15:10
Llegué con el alma en vilo. Estaba agitado. Afuera divisé una camioneta de la Policía. "Soy su hermano", les dije. No me dijeron nada, solo se hicieron a un lado. En el interior estaba mi madre, mi tío Francisco y Darío. Mi mamá me abrazó. Sus manos parecían una garra que de un momento a otro destrozarían mi cuello. Darío, como siempre, tenía el rostro imperturbable y esa expresión de tranquilidad que oculta la desesperanza. Quise entrar. "Mejor no", me dijo mi tío Francisco. "No se puede quedar aquí", dijo la casera de pronto, rompiendo el silencio. "La muerte solo trae problemas". "Y mala suerte", remató.

15:30
Decidimos que entraríamos Darío y yo. La Policía había ingresado antes y cubierto su cuerpo con una sábana. Suspiré aliviado. Al menos no la vería en ese estado. Él la cargó de la cabeza y yo de los tobillos. Por debajo de la sábana, sentí su cuerpo rígido y frío, como de esos animales que encuentras atropellados en la calle.
Bajamos por las escaleras a tropezones. Parecía más pesado que nunca. Lo pusimos sobre la tolva de la camioneta. "Hay que llevarla a la morgue", nos dijo el Policía. "Luego ya se verá que hacer con el cuerpo". Nos subimos al auto de mi hermano, en silencio y seguimos el auto de la Policía en el que Cecilia yacía dado tumbos, mientras recorría las frías calles de la Ciudad de Piedra.

domingo, 5 de junio de 2011

Cronología de un final no anunciado (i)

19:00
Probablemente ya llevabas las pastillas contigo, compradas a algún inescrupuloso boticario que si conociera su identidad ya estaría en prisión hace mucho tiempo. Intuyo que tenías clara la decisión que tomarías algunas horas después. Llevabas dinero contigo. Ese no fue un problema.
Había que escoger un lugar. Quizá en ese momento pensaste en mamá. Decías que no, pero sabías bien lo mucho que la querías. Pensaste lo terrible que sería para ella llegar hacia ti y descubrirte en ese momento de dolor.
Hacía frío esa noche. Saliste poco abrigada, con una casaquita de color morado y una falda color negro. Estabas bonita, como en esa foto que llevo clavada en mi mente. Buscabas un lugar. De pronto alzaste la mirada y lo encontraste.

21:00
En paralelo, yo bajaba del colectivo que me devolvía de mis clases de inglés. Supongo que llegué a la casa, saludé a mi madre y cené tal y como lo hacía todas las noches. Probablemente noté tu puerta cerrada, pero ni siquiera pensé en ello. Hace muchos años que esa puerta se había cerrado para mí. Para los demás. Para todos excepto para ti. Me puse el pijama, quizá leí un poco y luego dormí.

22:00
Tuviste hambre. Tu cuerpo te exigía lo que todo cuerpo exige a su dueño: vivir. Y para vivir debías de alimentarte. Bajaste de la habitación que habías alquilado y le preguntaste a la regente si vendía algún tipo de comida. Te contestó negativamente pero se ofreció a conseguirte algún tipo de sopa de un puesto cercano. "Súbeme cualquier infusión", le pediste. "Mañana tengo un examen importante y debo estudiar toda la noche. Que nadie me moleste por favor", concluiste.

23:00
¿Lo habrás dudado en algún momento antes de ingerirlas? Tenías la bebida caliente que la regente te acababa de subir. Quizá la última oportunidad de algún contacto humano hiciera que desistieras de tu propósito. Pero no fue así.
Tu estómago vacío te exigía algún tipo de comida, pero eso parecía ya no importarte. Abriste la boca (tu hermosa boquita rosada que tantas veces se quebró en una sonrisa) y comenzaste a introducir en ella una a una las pastillas que llevabas en una bolsa: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... Quizá llorabas cuando llegaste a la última. Jamás sabré eso.

23:15
Llevabas un papel y sacaste un lapicero de tu cartera. También eso lo tenias dispuesto. Iniciaste con un "Querida familia..." y nos comenzaste a mencionar uno a uno hasta que llegaste a mi nombre. En algún momento de la misiva tus trazos empezaron a perder forma, las letras se confundían unas con otras hasta que se diluyeron finalmente en una línea.
¿Te habrás arrepentido en aquel momento? ¿Habrás querido retroceder y habrá sido muy tarde? ¿Habrás querido llamar por teléfono como en el poema de Ernesto Cardenal? ¿Habrás pensado en Dios, en nosotros, en mi? ¿Habrás pensado en él?

23:45
Todo esta consumado. Hace frío pero no lo sientes ya. Tu cuerpo descansa en posición fetal sobre la cama, en medio de la soledad de la habitación. Es una escena hermosa. Si fuera pintor, pintaría quizá un cuadro con ella.
Aún no dejas de respirar pero ello es solo cuestión de tiempo. Tu muerte será consecuencia de un edema pulmonar, que dictaminará el parte médico al día siguiente. Ya es 06 de junio.
....
....

Oración por Marilyn Monroe
de Ernesto Cardenal

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
El templo de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20 th Century
Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles
¡contesta Tú el teléfono!

sábado, 4 de junio de 2011

Los que quedamos

¿A donde van los tristes soldados cuando termina la guerra?
¿A sus casas, al calor de una familia,
o el que solo tiene llagas, el infinito estigma,
no paseará por los campos de margaritas
añorando una juventud extinguida en el fuego de esta vida?
Blog de una virgen suicida

Ellos se van pero ¿que pasa con los que quedamos con el permanente dolor de su recuerdo?
A veces (perdóname, Cecilia) pienso que de todas, a ti te tocó la decisión más fácil: unas horas de titubeo, un momento de determinación, quizá un tardío arrepentimiento y luego nada. La oscuridad, la soledad y la noche.
Somos nosotros los que quedamos, los que tenemos que seguir arrastrándonos día a día. Es a nosotros a quien nos toca despertar cada mañana y darnos cuenta que ya no estas, que no fue un mal sueño o el inicio de una pesadilla que se repite. Es a nosotros a quien nos toca ir al trabajo y hacer frente a la vida. Y también a la muerte.
Es cuando nos percatamos que tú ya no estás pero el mundo sigue girando, como en esa novela que te gustaba tanto. La gente sigue riendo, viviendo, muriendo. Un día nos sorprendemos en un bautizo, en un matrimonio y también en un velorio o entierro de alguien que ha muerto y de pronto pareciera que se minimizara nuestra experiencia, pero en el fondo de nuestros corazones sabemos que no es así: una vez que la muerte te toca con sus alas, difícilmente podrás escabullirte de ella. Te perseguirá hasta los rincones más ignotos , hasta los abismos más recónditos de tu corazón. Querrás huir de ella y no podrás.
A veces es significativo como personas que ni siquiera los conocieron en vida, los recuerdan o albergan en su cabeza una suerte de recuerdo que no es sino el rompe cabezas construido en base a los recuerdos de otros. Es el caso de mi sobrino por ejemplo, que jamás la conoció y sin embargo habla con tal naturalidad y pronuncia su nombre como si la hubiere conocido de toda una vida. Incluso se sabe la fecha de su cumpleaños y otros detalles que no vale la pena mencionar.
Somos los que quedamos lo que sin saberlo -o sabiéndolo y no aceptándolo- formamos una masa compacta e indestructible unidos por el recuerdo de los que ya no están. Ellos se han ido, nosotros quedamos. Ellos descansan ya de esta vida, a nosotros -soldados de esta vida- nos toca seguirla viviendo. No hay opciones.

lunes, 4 de abril de 2011

Hola S.

De pronto me he sentido como en esos días donde el tiempo parecía no tener límite donde la hora de salida era un concepto que no existía para mi, donde todo era trabajo, deber, trabajo.

De pronto recordé que un día así sin que lo pensara, ni lo planeara apareció una mirada precedida de una sonrisa.

De pronto recordé muchas cosas, pero sobre todo recordé que el mundo sigue girando...

domingo, 30 de enero de 2011

Tu presencia me fastidia

"Tu presencia me fastidia
¿no puedes entender que deseo estar solo?"
Dije eso y ni bien terminé de decirlo
ya estaba arrepentido.
Me miró con sus ojitos tristes, avejentados, hermosos
me miró con reproche y en silencio.
No dijo nada:
encaminó sus pasos hasta la salida de la habitación
y cerró la puerta, lentamemente, como para no seguir molestando.
Me quedé solo, en mi habitación inmensa
con mis dotes de nisántropo y mi malhumor malsano rumeándome en la cabeza.
Ahora mi soledad me fastidia.
Perdón.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Billie Holiday, Nina Simone, Ella Fitzgerald - Solitude

A veces también me persigue esta tristeza
de un modo que pienso
que voy a enloquecer, Nina.
en otras la persigo yo
y terminamos enloqueciendo
...
...
juntos.

No debiste morir. No.

Did she say Lima?
Te escucho y comprendo por que Pizarnik
te compuso un poema.
Moriste lentamente
como un grito agudo
escapando de tu garganta.
No debiste morir
no.
Yo tampoco.
Both.

Para Janis Joplin
Alejandra Pizarnik

a cantar dulce y a morirse luego
no: a ladrar.

así como duerme la gitana de Rousseau
así cantás, más las lecciones de terror.

hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
me pregunto si eso no aumentó el error.

hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo.

domingo, 22 de agosto de 2010

VEINTIDÓS

Aquí paro por ahora esta carta. Este unipersonal en el que me encontraba enfrascado desde hace varios meses de espaldas a mi psicoanalista y a mi novia.
Aquí le doy un alto a esto y boto a la basura definitivamente ese video que llevaba desde hace mucho tiempo como si fuera un tesoro guardado en algún repliegue de mi ropa.
Adoro por sobre todo la escena (tenía anotado hasta el momento y segundo preciso) en la que Nicolás Cage, va a buscarla al aeropuerto (que gracioso, ella se iba a París), a decirle, luego de muchos años, que tuvo una especie de sueño en el que ambos volvían a ser algo.
No le pedía una nueva oportunidad, sino apenas una simple tasa de café, una tarde, aplazar su vuelo por un día.
Y pronto estaré quizá nuevamente en París, sin ser Nicolás Cage, sin tasa de café, desprovisto de la posibilidad de decirle alguna vez lo mismo. Recordándola mientras observo desde mi buhardilla caer lentamente la lluvia sobre los tejados de una calle vecina a la mía.

martes, 27 de julio de 2010

Tratado de la soledad

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
La carencia. Alejandra Pizarnik.


En un inicio estaba solo
no existíamos nadie mas que la soledad y mi nombre
éramos como homo y ursus.
...
Luego llegaste tú
te hiciste amiga de la soledad y me pediste prestado mi nombre.
...
Una mañana desperté muy temprano
te habías marchado en el primer bus camino a Santa Fé.
...
Me dejaste una nota en la que me explicabas los motivos de tu proceder.
Mientras me afeitaba me miré por casualidad el rostro en el espejo del tocador
entonces cai en la cuenta que te habías llevado mi nombre.