Y amaneció. El sol lamía el contorno de sus pies. Entonces se percató que era muy tarde.
Habías dormido no sé cuántas horas ¿tal vez nueve o diez?
Se estiró lenta, parsimoniosamente, como un gatito angora dispuesto a darse un baño de lengua.
Entonces se percató que estaba sola.
"¿Por qué no quiere dormir conmigo?", se preguntó. Los hombres que había conocido hacían prácticamente fila, por tener ese privilegio. Recordaba haber concedido ese placer a algunos cuántos, que luego desaparecieron.
"¿Por qué Joaquín era diferente?"
Rememoró por unos instantes la manera absurda como se conocieron. Ingresó por equivocación a una clase de economía. De esa mañana recordaba algunas frases sueltas y sus ojos, sobre todo sus ojos que parecían comerse el vacío con una mezcla de desazón y tristeza.
Se estiró a lo largo de su sábana. Su cama se le antojó inmensa y se sintió de pronto una enana, a pesar de tener las piernas muy largas, larguísimas.
"Largirucha", le decían en la escuela. Con el tiempo esas piernas flacas se volvieron torneadas y doradas y sus compañeros dejaron de burlarse de ella y comenzaron a invitarla a salir.
Fue mas o menos en esa época donde se le reveló el poder de su sexualidad turgente: un profesor en la escuela decidió aprobarla luego que le permitiera observar sus pechos por encima de su blusa durante unos segundos.
El mundo de los varones se le reveló a partir de ese momento predecible, eran como niños sencillos de manipular, a veces ni siquiera había necesidad de hacer algo, sino simplemente fingir como si "estuviera a punto de pasar algo" para obtener lo que deseaba.
Hasta el momento en que conoció a Joaquín.
Acababan de terminar una discusión. Ella a modo de reconciliación le propuso sexo intentando sentarse sobre sus piernas al tiempo que levantaba su vestido y colocaba su ropa interior a un lado.
Joaquín la deslizó entre sus piernas y la colocó suavemente sobre el asiento. Ella no podía creerlo.
"No", le dijo en voz muy baja, casi en un susurro. "Los hombres de verdad no se enamoran de una carita o de una vaginita bonita", le había dicho aquella tarde. "Debes encontrar aquello que te diferencie de las demás, que te haga feliz, única, irrepetible".
Entonces no lo entendiste. El fin de semana siguiente como para castigar la indiferencia de Joaquín te acostaste con un muchacho que conociste en una verbena de la universidad.
El sol volvió a lamer el contorno de tus pies. Debías levantarte. Pensaste que estaría haciendo Joaquín en ese preciso instante. Lo imaginaste durmiendo con uno de esos pijamas horrorosos -tan poco sexies- que solía usar y que te sacaban siempre una sonrisa piadosa. Sentiste nostalgia. Y sin darte cuenta lo comenzaste a extrañar.
"Lo odio", dijiste para tus adentros e imaginaste todas las posibilidades de castigarlo con otros cuerpos. Te levantaste y metiste a la regadera. El agua de la ducha caía en gruesas gotas tristes, que mojaban tu espalda, tus pechos, tu vagina, tus muslos, tus pies. Te calzaste y pusiste un vestido de marca (de ésos que te hacían sentir importante, sofisticada, deseada). Asomaste tu cabellera castaña por el resquicio del alfeizar. Luego giraste la manija de la puerta y te deslizaste con mucha agilidad hasta la calle. Pensaste en que quizá al día siguiente podrías detenerte a pensar en las palabras de Joaquín. "Hay tiempo, siempre hay tiempo", dijiste para tus adentros, como si recitaras en silencio el rosario. Después de todo, el día estaba tan soleado y se veían tan lindas las sandalias de marca que te acababas de comprar...
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lunes, 25 de febrero de 2019
domingo, 30 de enero de 2011
Sometimes Bonita (de Javier Sicchar)
Me gustó esta entrada de mi buen amigo Javier y por eso la publico:
Refugios Despilfarrados: Sometimes Bonita
Refugios Despilfarrados: Sometimes Bonita
Sometimes Bonita
Nos sentamos frente a frente y ella me pide una canción, rebuscamos varias, y ella que le gusta cantar apalude, a veces baila. Tenemos poco tiempo los jueves, así que buscamos la forma de pasarla bien, de recordar este día cuando el viernes se estire. Ella me deja escuchar una que otra canción, pero este es su día, hay que inventar, no podemos repetir. Yo le digo algunas veces podemos olvidarnos de todo.
***
Cuando se despierta escucho su voz, y me cuenta cosas, yo intento dormir un poco más, me subo las frazadas e intento soñar con algo, pero ella sigue sentada a mi lado, despeinada con ese cabello largo y castaño que a veces no le gusta amarrar, y sus pestañas erguidas heredada de sus antiguos, insiste en seguir contándome algo. Es tarde, o muy temprano, qué más da, ella quiere comenzar ya (todo el domingo que nos espera).
***
Yo le dije, escucha esta canción, ella no quería, cruzó los brazos y me dijo, estoy amarga, yo le di un beso en la frente, y ella volteó el rostro mirando hacia cualquier parte. Cada vez que la veo rebelde, prefiero sonreír, prefiero no hacerle caso. Busqué la canción, alcé el volumen, ella seguía en la misma posición, aunque de reojo observaba. Cuando volvió a mirar yo le di dos besos en cada ojo, a veces te pareces a mí, y ella movía la cabeza al son de esa canción que no quería escuchar, sonreía, sonreía. Así es, algún día, quizás la vuelvas a cantar o te la canten, mientras tanto aplaude conmigo hija.
Nos sentamos frente a frente y ella me pide una canción, rebuscamos varias, y ella que le gusta cantar apalude, a veces baila. Tenemos poco tiempo los jueves, así que buscamos la forma de pasarla bien, de recordar este día cuando el viernes se estire. Ella me deja escuchar una que otra canción, pero este es su día, hay que inventar, no podemos repetir. Yo le digo algunas veces podemos olvidarnos de todo.
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Cuando se despierta escucho su voz, y me cuenta cosas, yo intento dormir un poco más, me subo las frazadas e intento soñar con algo, pero ella sigue sentada a mi lado, despeinada con ese cabello largo y castaño que a veces no le gusta amarrar, y sus pestañas erguidas heredada de sus antiguos, insiste en seguir contándome algo. Es tarde, o muy temprano, qué más da, ella quiere comenzar ya (todo el domingo que nos espera).
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Yo le dije, escucha esta canción, ella no quería, cruzó los brazos y me dijo, estoy amarga, yo le di un beso en la frente, y ella volteó el rostro mirando hacia cualquier parte. Cada vez que la veo rebelde, prefiero sonreír, prefiero no hacerle caso. Busqué la canción, alcé el volumen, ella seguía en la misma posición, aunque de reojo observaba. Cuando volvió a mirar yo le di dos besos en cada ojo, a veces te pareces a mí, y ella movía la cabeza al son de esa canción que no quería escuchar, sonreía, sonreía. Así es, algún día, quizás la vuelvas a cantar o te la canten, mientras tanto aplaude conmigo hija.
domingo, 21 de noviembre de 2010
sometimes bonita
Someday.
Algúna día serás algo más que ese sueño recuerrente que a veces me persigue las noches que logro conciliarlo.
Algúna día serás algo más que ese sueño recuerrente que a veces me persigue las noches que logro conciliarlo.
Y será todo lo que pensé, ojos grandes, cabello ensortijado e inmenso, vestidito rojo organdí, mira serena, profunda, arrebatadora.
Y serás mía, verdaderamente mía, como nadie quizá lo ha sido.
Y saldremos a caminar al parque tú y yo, de la mano (como odio caminar, pero contigo, no habrá vueltas que darle).
Y conversaremos de cosas banales y te leeré luego en la noche antes de acostarte. Y te contaré historias inventadas que tú exigirás tengan sentido, porque eso sí la inteligencia la heredarás de tu padre.
Y me llevará de un lado para el otro como un gato que juega con su ovillo de lana, enredándolo y desenredánsolo a su antojo.
Y jamás morirás. Eso no. Y seremos poderorosos.
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