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jueves, 14 de junio de 2012

Soldaditos de plomo

"Me vas a perder", dijiste.
No era verdad. Te había perdido desde el momento en que decidí ingerir esa primera pastilla y recrear una ilusión en mi mente, en mi corazón. Desde que sus efectos inhibidores comenzaron a disolverse al interior de mi estómago, desde que comencé a sentir el primer cosquilleo en el cuerpo, el ardor en el rostro, el tic tac en la frente. La mentira tiene patas largas. En mi caso, acabó asfixiándose entre ellas.
No. No era verdad. Te había perdido desde mucho antes del día en que me sentí realmente perdido. Tal vez mucho tiempo atrás. Desde el momento en que intenté ganarle a mi mente -no se puede ganar a la mente ("¿tampoco al corazón?" dijiste)-. Desde el instante en que decidí aguardar a la salida de clase, con una historia bajo el brazo y preguntarle "¿Tendrá tiempo de leer esta historia?". Desde el momento en que él me sonrió, abrió los ojos verdes muy grandes y me dijo muy bajo "No tienes que llamarme de usted, puedes decirme Iván".
No. Te había perdido tal vez muchos años antes, desde el momento de mi concepción nunca deseada, desde los recuerdos de mi infancia tantas veces cuestionada, desde el instante que sentí por primera vez la orfandad, desde aquella primera vez y quizá la última.
"Me vas a perder", dijiste. Pero ya te había perdido.
Tú y yo somos simples juguetes de las circunstancias. Dos soldaditos de plomo con los que se entretienen los ángeles haciéndonos bailar en los días de lluvia.

sábado, 10 de marzo de 2012

Tú me cortas, yo me corto, nosotros nos cortamos

Mi madre solía denominar a ciertas situaciones de la vida como un "diálogo de sordos".
A veces me pregunto por qué existen esas personas que siempre cargan la idea recurrente de hacer referencia al pasado, a un ex novio con el que ya no están, a un hijo que ya se murió, a un barrio en el que no viven.
Muchas veces nos anclamos en el pasado. Otras dejamos que el pasado se ancle en nuestros idas. O nuestros recuerdos nos persiguen.
Pero otras, se trata simplemente que seguimos en busca de las mismas cosas.
No anhelamos al novio perdido, al hijo que ya no está o el barrio que dejamos: deseamos que esa persona que ahora está o los hijos que no perdimos nos quieran de la manera que siempre deseamos, que el barrio en el que ahora vivimos contenga un poquito de lo que algún día soñamos.
Y el no obtener eso por parte del objeto querido te frustra, dando origen a una cadena espirada en el que esa falta de detalles o situaciones deseadas te corta, donde luego tú cortas y ambos terminan, finalmente cortándose.
Tú me cortas, yo me corto, nosotros nos cortamos. A veces siento como si todos jugáramos a ser Átropos, quitándonos unos a otros la desagradable tarea de cortar el hilo de la vida.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Promesas & promesas

Algo para nunca olvidar: las personas que prometen cambiar, son precisamente las que jamás cambian.
El que quiere cambiar, no se complica.
Simplemente, lo hace

domingo, 3 de julio de 2011

Conclusiones de fin de semana

Conclusiones luego de un fin de semana frustrado:

1. Cada vez comprendo menos a las personas.
2. Existe predisposición generalizada por recibir, pero no dar.
3. Se ha perdido la fe en las utopías y las quimeras.
4. El mejor amigo puede ser tu propio reflejo.
5. La mentira tiene patas cortas (si no las ha perdido ya).
6. El amor no justifica los medios.
7. Un gesto puede valer más que mil palabras.
8. La naturaleza del gesto no está en la factibilidad de su realización sino en el mero hecho de ofrecerlo (Génesis 22:1-19).
9. El olor del miedo esta en el aire.

10. Quizá el monstruo del que tanto huyes conviva dentro de ti.

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en uno. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también el abismo mira dentro de ti.”
Nietzche

domingo, 5 de junio de 2011

Cronología de un final no anunciado (i)

19:00
Probablemente ya llevabas las pastillas contigo, compradas a algún inescrupuloso boticario que si conociera su identidad ya estaría en prisión hace mucho tiempo. Intuyo que tenías clara la decisión que tomarías algunas horas después. Llevabas dinero contigo. Ese no fue un problema.
Había que escoger un lugar. Quizá en ese momento pensaste en mamá. Decías que no, pero sabías bien lo mucho que la querías. Pensaste lo terrible que sería para ella llegar hacia ti y descubrirte en ese momento de dolor.
Hacía frío esa noche. Saliste poco abrigada, con una casaquita de color morado y una falda color negro. Estabas bonita, como en esa foto que llevo clavada en mi mente. Buscabas un lugar. De pronto alzaste la mirada y lo encontraste.

21:00
En paralelo, yo bajaba del colectivo que me devolvía de mis clases de inglés. Supongo que llegué a la casa, saludé a mi madre y cené tal y como lo hacía todas las noches. Probablemente noté tu puerta cerrada, pero ni siquiera pensé en ello. Hace muchos años que esa puerta se había cerrado para mí. Para los demás. Para todos excepto para ti. Me puse el pijama, quizá leí un poco y luego dormí.

22:00
Tuviste hambre. Tu cuerpo te exigía lo que todo cuerpo exige a su dueño: vivir. Y para vivir debías de alimentarte. Bajaste de la habitación que habías alquilado y le preguntaste a la regente si vendía algún tipo de comida. Te contestó negativamente pero se ofreció a conseguirte algún tipo de sopa de un puesto cercano. "Súbeme cualquier infusión", le pediste. "Mañana tengo un examen importante y debo estudiar toda la noche. Que nadie me moleste por favor", concluiste.

23:00
¿Lo habrás dudado en algún momento antes de ingerirlas? Tenías la bebida caliente que la regente te acababa de subir. Quizá la última oportunidad de algún contacto humano hiciera que desistieras de tu propósito. Pero no fue así.
Tu estómago vacío te exigía algún tipo de comida, pero eso parecía ya no importarte. Abriste la boca (tu hermosa boquita rosada que tantas veces se quebró en una sonrisa) y comenzaste a introducir en ella una a una las pastillas que llevabas en una bolsa: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... Quizá llorabas cuando llegaste a la última. Jamás sabré eso.

23:15
Llevabas un papel y sacaste un lapicero de tu cartera. También eso lo tenias dispuesto. Iniciaste con un "Querida familia..." y nos comenzaste a mencionar uno a uno hasta que llegaste a mi nombre. En algún momento de la misiva tus trazos empezaron a perder forma, las letras se confundían unas con otras hasta que se diluyeron finalmente en una línea.
¿Te habrás arrepentido en aquel momento? ¿Habrás querido retroceder y habrá sido muy tarde? ¿Habrás querido llamar por teléfono como en el poema de Ernesto Cardenal? ¿Habrás pensado en Dios, en nosotros, en mi? ¿Habrás pensado en él?

23:45
Todo esta consumado. Hace frío pero no lo sientes ya. Tu cuerpo descansa en posición fetal sobre la cama, en medio de la soledad de la habitación. Es una escena hermosa. Si fuera pintor, pintaría quizá un cuadro con ella.
Aún no dejas de respirar pero ello es solo cuestión de tiempo. Tu muerte será consecuencia de un edema pulmonar, que dictaminará el parte médico al día siguiente. Ya es 06 de junio.
....
....

Oración por Marilyn Monroe
de Ernesto Cardenal

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
El templo de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20 th Century
Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles
¡contesta Tú el teléfono!

sábado, 4 de junio de 2011

Los que quedamos

¿A donde van los tristes soldados cuando termina la guerra?
¿A sus casas, al calor de una familia,
o el que solo tiene llagas, el infinito estigma,
no paseará por los campos de margaritas
añorando una juventud extinguida en el fuego de esta vida?
Blog de una virgen suicida

Ellos se van pero ¿que pasa con los que quedamos con el permanente dolor de su recuerdo?
A veces (perdóname, Cecilia) pienso que de todas, a ti te tocó la decisión más fácil: unas horas de titubeo, un momento de determinación, quizá un tardío arrepentimiento y luego nada. La oscuridad, la soledad y la noche.
Somos nosotros los que quedamos, los que tenemos que seguir arrastrándonos día a día. Es a nosotros a quien nos toca despertar cada mañana y darnos cuenta que ya no estas, que no fue un mal sueño o el inicio de una pesadilla que se repite. Es a nosotros a quien nos toca ir al trabajo y hacer frente a la vida. Y también a la muerte.
Es cuando nos percatamos que tú ya no estás pero el mundo sigue girando, como en esa novela que te gustaba tanto. La gente sigue riendo, viviendo, muriendo. Un día nos sorprendemos en un bautizo, en un matrimonio y también en un velorio o entierro de alguien que ha muerto y de pronto pareciera que se minimizara nuestra experiencia, pero en el fondo de nuestros corazones sabemos que no es así: una vez que la muerte te toca con sus alas, difícilmente podrás escabullirte de ella. Te perseguirá hasta los rincones más ignotos , hasta los abismos más recónditos de tu corazón. Querrás huir de ella y no podrás.
A veces es significativo como personas que ni siquiera los conocieron en vida, los recuerdan o albergan en su cabeza una suerte de recuerdo que no es sino el rompe cabezas construido en base a los recuerdos de otros. Es el caso de mi sobrino por ejemplo, que jamás la conoció y sin embargo habla con tal naturalidad y pronuncia su nombre como si la hubiere conocido de toda una vida. Incluso se sabe la fecha de su cumpleaños y otros detalles que no vale la pena mencionar.
Somos los que quedamos lo que sin saberlo -o sabiéndolo y no aceptándolo- formamos una masa compacta e indestructible unidos por el recuerdo de los que ya no están. Ellos se han ido, nosotros quedamos. Ellos descansan ya de esta vida, a nosotros -soldados de esta vida- nos toca seguirla viviendo. No hay opciones.

jueves, 26 de mayo de 2011

krishna o los deseos

Nadie te va a querer como yo te he querido -me dijo.
Sus lágrimas caían sobre la almohada
formando espacios concéntricos y vacíos.
Quien fuera explorador, como decía Silvio Rodriguez
corazón, herido de dudas de amor.
...
...
No puedo escribir de amor, escribí aguna vez
del mismo modo que no soporto una película sosa
un libro de Ivan Thays
o una mujer que me recuerde y no me recuerde a ti
al mismo tiempo.
...
...
No soporto la ausencia
pero tampoco el mutuo contacto
no soporto las contradiciones
y sin embargo mi vida entera es una
(no soporto con mayor razón
las de los demás).
...
...
No me soporto a mi mismo.
...
...
Dicen que cada persona cava su destino
imagino que yo hace mucho dejé de interesarme en el mío
he dejado de desear
-como en ese poema de Heraud (krishna o los deseos)-
muchas cosas que antes consideraba imprescindibles.
...
...
Y sin embargo todavía sueño
y sn embargo todavía vivo.

lunes, 28 de marzo de 2011

Me gusta todo de ti (pero tú no)

Me gusta todo de ti
(pero tú no).
La frase constituye más que el título de una trillada canción de Joan Manuel Serrat.
El contenido esconde una gran verdad que trasciende a la letra misma de esta melodía.
En ocasiones me he preguntado qué es lo que realmente debe buscar uno en esa persona que denominamos "la elegida". ¿Es el azar el que determina ello? ¿Debemos ser precavidos y planificar y hacer una lista de cualidades como quien va de compras al supermercado y va revisando uno a uno: "medio kilo de carne, tres cuartos de limón..."
¿Qué factores interviene en una decisión que probablemente nos marque para todo la vida?
Vengo de una familia disfuncional de matrimonios frustrados, lo cual de por sí, me hace bastante reticente a la idea de un amor para toda la vida. Reticente pero no ajeno a la utopía por cierto. A fin de cuentas soñar no cuesta nada, engorda y no mata.
Una cosa es dudar sobre la existencia de Dios, otra diferente tener la certeza que ello efectivamente es así. Por si las dudas, de vez en cuando rezo. Por la misma razón de vez en cuando pienso "¿y si fuera verdad?".
Hace no menos de 15 días leí un interesante artículo escrito por un psicologo que citando a un economista decía algo así como que en el amor uno elige lo que conviene a sus necesidades. No hay una suerte de selección sujeta al azar sino es mas bien parte de un plan que debe ser preconcebido con mucho cuidado. Uno, decía, elige finalmente a la persona con quien va a convivir toda su vida. Pero no solo eso. Uno elige quién probablemente nos cuide y a quién uno proteja del mismo modo. Uno escoge no solo un compañero, sino un cómplice con quien compartir el ocaso de la vida.
No soy ingenuo, muchas veces he escrito que no puedo escribir de amor y es verdad. Tampoco lo pretendo hacer ahora. Simplemente intento reflexionar sobre los factores que rondan alrededor de la elección de alguien en particular. Cada quien sacará sus propias conclusiones según su experiencia, deseos y expectativas. Yo aun no tengo las mías.
Lo cierto es que uno elige una parte de su futuro. Uno elige más que un amante, un compañero con quien compartir. En alguna ocasión leí (o alguien me dijo, no recuerdo bien) que el elegido debe ser alguien con quien te guste departir, con quien nunca te canses de hablar. Al final el romance se apaga, el sexo pasa a una segundo (o tercer o cuarto plano) y solo quedan dos viejos con cara de pasa -probablemente sin dientes- hablando sobre la vida.
En más de una ocasión he intentado representarme en una situación similar. Debe ser la razón por la cual permanezco soltero. Determinar a quien entregar mi vida y a su vez elegir a la persona que debo cuidar no es trabajo fácil.
Hay muchas personas que me gustan. A algunas les gusto yo, a otras quizá no. A veces me gusta mirar fijamente a las personas e imaginarlas 40 o 50 años por delante y pensar ¿Sonreirás de la misma manera cuando ya no tenga cosas interesantes que decir, cuando probablemente todo lo que se me ocurra no sea sino una repetición de lo que te haya contado ya mas de cien veces? ¿Seguirás allí cuando te des cuenta de lo molesto que suelo ponerme cuando me enfermo, cuando te percates que eso que creías particular en mi se vuelve obsesivo con el transcurrir de los años? ¿Soportarás mi arrebatos, mis sueños locos, mis frustraciones, mis alegrías o mis penas? ¿Soportarás que me enferme, que me vuelva débil, quizá senil, que me convierta en un viejo decadente al que hay que cuidar como si se tratara de un niño? ¿Estarás allí cuando reclame a viva voz que tengo un tercer zapato e insista en ello, aún cuando me insistas que sólo poseo dos?
Conozco gente que nunca eligió. Que prefirió no aventarse al vacío. Sé de personas que hoy están solas y se ufanan y gritan al viento que ello ha sido su mejor elección.
Hay personas que jamás elegirán. Otras que jamás serán elegidas. Otras que elegirán y se arrepentirán de haberlo hecho el resto de su vida. Algunos elegirán al equivocado y se pasaran todo el resto de su vida pensando en el que debió haber sido y jamas fue. Finalmente, otros, quizá los menos, elegirán al compañero, al amigo. Como bien decía Aristóteles, el amor no es sino una suerte de amistad.
Decir me gusta mucho de alguien no es suficiente en estos días. En realidad no creo que lo haya sido nunca. Serrat decía "Me gusta todo de ti (pero tú no)". Esa frase encierra una gran verdad, guste o no. Nos es cuestión de gustos sino de algo más. Eso es lo que precisamente me aterra: el no llegar a descubrir que es eso más.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Hoy cumpliría 36

Le dije señor que tal, soy Pedro
¿Se acuerda de mí? ¿Qué fue de su hija?
Me dijo, cómo ¿no sabes?... ella murió.

Pedro Suárez.

Querida Cecilia,
Es gracioso como a veces pasa el tiempo y ni siquiera lo notas.
Han pasado ya diez años desde que nos dejaste y parece que hubiera sido ayer y parece que nunca hubiera ocurrido. Hoy cumplirías 36. La misma edad con que contaba Marylin cuando murió.
A veces me esfuerzo en recordar el tono de tu voz, la intensidad de tu mirada, el sonido de tu risa, pero es inútil. Mi cerebro alberga cada vez menos imágenes fragmentadas de tu recuerdo.
A veces creo recordar algo pero no estoy seguro si es que realmente he recordado o es mi cerebro quien se empeña en recrear mi necesidad de hacerlo y como un niño, me complace.
Otras veces pienso que te he olvidado. Pueden pasar semanas completas y parece que no pienso en ti y entonces pienso que así efectivamente, debe ser la muerte: el olvido final.
Luego llegas de golpe y te insertas una vez más en mi vida. A veces siento como si no te hubieras marchado, como si de alguna manera siempre estuvieras aquí, conmigo, cuidando cada uno de mis pasos, como la hacías cuando era pequeño y tu dos años mayor ¿recuerdas?. En ese entonces fingías que mi pequeña existencia no te importaba pero yo sabía bien de tu necesidad de protegerme, como cuando me cogías de la mano al cruzar la avenida para ir al colegio sin que nadie te dijera o cuando me defendías de tus compañeritas mayores que se mofaban de mí llamándome "Cecilio".
Todavía recuerdo el día en que hicimos no se qué travesura. Muy terrible debe haber sido que nos castigaron a ambos. Tú no podías soportar el verme llorar y te echaste la culpa aunque sabías bien que el causante era yo.
Cecilia, Cecilia. No debe haber sido cosa fácil nacer antes que yo. Tú eras la engreída de la casa y de pronto llegué yo. Mi madre me confesó un día que fuiste planificada, que fuiste hecha con amor. Yo nací de los últimos vestigios de odio en el corazón de nuestros padres. Fui un hijo no deseado que llegó a insertarse en nuestro mundo familiar en el peor momento y quizá a causa de ello recibí en alguna oportunidad más atenciones que tú. Después de todo, tú ya eras grande, yo aún pequeño, tu ya no necesitabas de aquellos juguetes que de pronto pasaron a ser míos. Tú debiste crecer de pronto, tu consigna no era ya el jugar con tus muñecos sino el cuidar de tu hermano, aún pequeño.
La gente a veces solía decir que nos parecíamos. Yo no entendía cómo podían decir ello, si a mi me daba la impresión que tú eras lindísima y yo andaba algo rezagado en los cánones de la belleza. Pero algo de similitud habría quizá en nuestras miradas que hacía que de inmediato se nos asociase como hermanos donde quiera que íbamos.
No debe haber sido cosa fácil verme crecer. Verme convertirme de pronto en adolescente y luego en hombre. Tampoco debe haber sido sencillo sentir que en alguna oportunidad se me otorgó alguna posibilidad que a ti te fue negada. Nunca me perdonaste el hecho que yo pudiera asistir a una universidad privada mientras tú debiste conformarte con la estatal.
Y lo cierto es que eras tremendamente más inteligente que yo. Quizá la más inteligente de toda la familia. Eras algo así como un talento desperdiciado.
A veces no pienso en ti, es cierto, pero otras no puedo dejar de hacerlo. Hoy por ejemplo, me he pasado todo el día intentando no pensar en por qué me he sentido de esta manera. Le he echado la culpa a la ausencia de mis medicamentos, al clima, al hecho de vivir solo, a la vida. Pero la verdad sea dicha sucede que no he querido hasta ahora sentarme y pensar en ti.
No sino hasta ahora que me veo enfrentado con mis pensamientos y me veo obligado a ello.
Pienso en ti y te veo en dos colitas, con tu pantalón de lana marrón -nada estético- y una chompa de lana roja que había pertenecido a mamá y que atesorabas. En casa no había motivo para andar bonita. Nosotros, lo de adentro no importábamos.
En realidad habíamos dejado de importarte desde hace mucho tiempo. Ya ni siquiera nos mirabas. Recuerdo que en alguna oportunidad (debió ser en los últimos tiempos) alguien hizo una broma sobre ti en la mesa: debió de haber sido una buena broma, una magnífica broma, una estupenda broma que te obligó a levantar los ojos del plato y sonreír tímidamente. Me he quedado por años con el recuerdo de esa sonrisa.
Han pasado ya diez años Cecilia. Hoy me gustaría decirte tantas cosas. Comenzar a escribirte esa extensa carta que un día prometí te escribiría y hasta ahora no empiezo. Visitarte mas a menudo como antes, cuando me sentía solo o sencillamete estaba en esos días.
Mas tarde seguro iremos a verte. Como todos los años mi madre dirá algunas palabras y los demás guardaremos silencio. Luego almorzaremos en familia y comenzaremos a sonreír uno a uno, como quien va saliendo de un largo sueño.
Y estarás allí presente en cada uno de nosotros. Aunque no quieras. Ya no te importará la edad, ni andar con la vestimenta adecuada. No te importará cumplir 36 ni sentirás que el tiempo ha pasado sobre tu rostro y que ni las cremas o el gimnasio pueden remediar lo ocurrido. Y sonreirás, como aquel día que tengo grabado en mis recuerdos. Y serás feliz aunque sea un instante. Y no podrás dejar de hacerlo. No podrás.

martes, 26 de octubre de 2010

Algunas cosas que no no tolero

No tolero
la mentira
aunque mas de una vez haya caído en ello
no tolero
la burla
aunque haya soltado alguno que otro comentario sardónico
no tolero
la infidelidad
(aquí no tengo mayor comentario)
no tolero
que los ojos de alguien con apenas tres dedos de frente
que no sabe diferenciar un "v" de una "b"
se posen sobre mis letras y pretenda extraer de ellas
alguna conclusión
alguna historia
alguna respuesta
alguna admonición
reproche
o vil castigo
que de sentido a su mediocre existencia
a sus sinsabores
no tolero cuestionamientos
basados en la ignorancia.
No tolero la muerte
ni sus consecuencias hostiles.
...
...
No me tolero a mi mismo.

martes, 24 de agosto de 2010

Mexico lindo

Mi vida tiene un final de novela mexicana de los años setenta:
desgarrada, sin sentido y sin colores
...
...
en blanco y negro.