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domingo, 10 de febrero de 2013

Se busca una mujer


Edna bajaba por la calle con su bolsa de la compra,
cuando pasó a la altura del automóvil.
Había algo escrito en la ventanilla lateral:
SE BUSCA UNA MUJER.

Charles Bukowsky

Había pensando en coger el teléfono y hacer esa llamada una infinidad de veces. De imaginar el acto a realizarlo había, no obstante, una infinidad de pasos previos. El problema no era como comenzar, sino mantener la conversación una vez iniciada.
 Del hecho al lecho, había -definitivamente- mucho trecho, como decían los abuelos.
Levantó la vista, se mordió los labios con aprehensión y marcó el número que inició un agónico repiqueteo al otro extremo de la línea.
- Aló -contestó una voz.
El mundo se detuvo de pronto.
- SE BUSCA UNA MUJER -le dijo.
Ella sonrio para sus adentros. Había reconocido el tono de la voz desde el primer instante.
- Lo sé -le dijo.

jueves, 26 de enero de 2012

Yo me corto, tú te cortas, nosotros nos cortamos

"Algunos fuman, otros beben y yo... me corto"
Boulevard of Broken Dreams.

Cuando lo leí no me impactó. Tampoco puedo decir que me provocó intentarlo. Cada quien que luche de la mejor manera con sus ángeles y demonios. Lo que si puedo decir es que sentí, repentinamente, un sentimiento de solidaridad que quizá pocos comprenderían. El mundo esta construido y pensado para un estándar de ser humano, los que no pertenecemos al mismo, somos excluidos de la manera menos compasiva posible. Y nuestra exclusión no admite ningún tipo de perdón o la esperanza de una futura redención. Por el contrario, dura una eternidad.
Hay muchas formas de ser diferente, pero hay una diferencia abismal en serlo y otra, reconocerlo o tolerarlo.
Dicen que Dios creo al hombre a su imagen y semejanza. Quizá desde el momento mismo de la creación está impregnada la idea de modelo, de calco. Adán no es por lo tanto una obra original, sino una copia mediocre de su predecesor.
He oído muchas veces que el hombre es un ser sociable por naturaleza. Pero conozco muchas personas que no son sociables (o no desean serlo todo el tiempo) y eso forma parte de su naturaleza intrínseca.
Recuerdo en alguna oportunidad haber escuchado a un familiar cercano referirse a la sociabilidad de un pequeño pariente mío como una virtud.
El que no foma parte de la manada es mirado con extrañeza, su conducta es no sólo reprobada sino castigada y motivo de escarnio.  Y sobre todo de preocupación por parte de los padres, que miran con tristeza y preocupación como su vástago no se integra en la telaraña social. El excluido es escondido como si fuera una suerte de bicho raro, como si padeciera de algún tipo de anomalía monstruosa para la vista humana. O peor aún, es forzado a "cambiar" su condición natural y torturado con talleres de integración, de clown, de oratoria o de sendas terapias con el psicólogo y el psicoanalista.
La discriminación no es sino una expresión del soterrado temor de los llamados "normales" hacia todo aquello que les parece desconocido. Ininteligible. Hacia cualquier espejo que no devuelva el reflejo de su propia imagen.
Yo me corto, tú te cortas, nosotros nos cortamos. En realidad, yo no me corto, ni fumo. Tampoco bebo, ni me drogo. No soy ni emo, ni hikikomori. Hay tantas expresiones de la individualidad que no entendemos y sin embargo reprochamos. Se juzga al diferente como si fuera una suerte de elemento que corrompe al rebaño. En el pasado se quemaba en la hoguera a quien no llevaba su vida de acuerdo al modo en que se supone debía llevarse. Hoy los métodos son más refinados: ya nos los queman, simplemente los quieren cambiar. 

miércoles, 13 de julio de 2011

Locas de mierda

La vida, me he dado cuenta, es una verdadera locura. El mundo esta lleno de locas de mierda (en el sentido utilizado por la Real Academia de Lengua Española por cierto).
Locas que ven cosas donde no hay nada, que quieren que otros vivan situaciones improbables o que en el peor de los casos, se esfuerzan por mantenerse vigentes, a pesar de que hace mucho no se sabe -ni se quiere saber- nada de ellas. No se hace el mínimo esfuerzo de recordarlas y eso, probablemente, las vuelve más locas.
Hay otras incluso que se sienten en libertad de exigir algún tipo de derecho, consideración o acto fallido. Esta por demás que ello no me mueve en lo más mínimo ni me interesa.
Por lo demás, deberían saber que el Internet hace mucho tiempo dejó de ser una herramienta confiable, que carece de información clara, veraz, detallada o precisa. En otras palabras pretenden ser las eternas fiscalizadoras de la vida ajena y la verdad están en la luna. Característica esencial que distingue a una loca de mierda.
No obstante hay las peores: las que se sienten con el derecho de amenazar con el dedo, de pretender una exigencia, concretar una orden. Esas son precisamente las más cómicas. Las imagino con gracia y algo de pena detrás de sus monitores y/o sus laptops, carentes de vida propia e intentando averiguar a cada momento la vida ajena. Las eternas fisgonas. Las imagino feas, gordas y fofas, con los cuerpos horribles, marcados de cicatrices por aquí y acullá, vulgares, terriblemente vulgares e ignorantes. Las imagino así y me causa gracia, pero la verdad sea dicha también una profunda tristeza, por su ignorancia, por su imposibilidad de reconocer que necesitan ayuda, por su orfandad genética... por ser simple y llanamente una loca de mierda más que se cruzó en el camino, a la que tendré que vadear como lo he hecho en alguna oportunidad con alguna similar que pretendió imponer sus comportamientos bipolares sobre mi conciencia.
No les temo, les tengo mas bien lástima. Son suicidas por naturaleza y vocación, su vida no es sino el reflejo de otras vidas que jamás serán las suyas, sus amores radican en los libros que leen, en los poemas horribles que escriben, en sus recuerdos distorsionados, pero sobre todo en sus sueños, que no son otra cosa sino la extensión de sus pesadillas y quizá el ocaso de sus vidas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Billie Holiday, Nina Simone, Ella Fitzgerald - Solitude

A veces también me persigue esta tristeza
de un modo que pienso
que voy a enloquecer, Nina.
en otras la persigo yo
y terminamos enloqueciendo
...
...
juntos.

martes, 20 de julio de 2010

basta

Locura no es decir basta.
Locura es no poder hacerlo.
Locura es volverse loco porque algo no basta.