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sábado, 15 de abril de 2017

No te enamores de mi, estoy loca

 

"No te enamores de mi, estoy loca", me dijo
No recuerdo lo que pensé en aquel instante
algo así como "¿Y quien no?"
(es lo más seguro).
Luego los días pasaron
-con sus tardes, sus noches y de nuevo sus días-
         -un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña-
Debí haberlo sabido entonces
la suavidad del olor de las rosas
es apenas un anticipo del dolor que prodigan sus espinas
"No te enamores de mi, estoy loca", me dijo
Y sonrió
marcándose un hoyuelo en la superficie de sus mejillas
sonreí también.
Debí tomar con seriedad cada una de sus palabras.
pero seamos honestos
            ¿Quién toma como serias las palabras de una chiquilla a los 16?
"No te enamores de mi", le respondí, riendo.
Ella sonrió también
una de esas sonrisas largas
que hacía que las personas volteasen a vernos en el parque
"Bueno, ya te advertí" y me jaló una oreja.
Debí haber oído
pero había algo en mi alma que me predestinaba
a descubrir ese tipo de muchachas
como una virtud, un sexto sentido, una capacidad de atracción extraña
como una suerte de imán atrayendo polos diametralmente opuestos.
Siempre me ocurría: me enamoraba sin remedio de las muchachas extrañas
de las más frágiles, de los ángeles de alas rotas
de las neurasténicas, de las almas bipolares, de las marginales sociales,
de las muñecas quebradas, siempre.
         -dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña-
Debía haberlo sabido entonces
pero ignoré sus avisos continuos
hasta aquel jueves en que regresaba de noche
de mis clases de francés
y encontré a mi cuñada de pie frente a la puerta de mi cochera
y me susurró con un rictus
"Algo ha pasado, debes ser fuerte"
Y pensé en mi mamá "se ha muerto"
"Cecilia murió" me dijo
          -tres elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña-
La encontró el cuartelero del hotel
en la mañana
mientras hacía la limpieza
la señora del lugar contó a la policía que llegó avanzada la noche
que pidió una sopa, aunque nunca la tomó.
Las noticias de esa semana recogieron el incidente
en sus páginas policiales sensacionalistas
como uno de esos suicidios de adolescentes
que no tienen explicación.
La única explicación quizá
estaba en una nota inacabada
que la policía encontró al ingresar:
el sueño de los barbitúricos la alcanzó
antes de culminar la carta explicatoria:
"Esta carta está dirigida a cada uno de los seres que amo..."
          -cuatro elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña-
Me he preguntado por muchos años
como culminaría esa carta
si luego de alguna coma, punto y coma, punto seguido o punto aparte
mencionaría mi nombre
he recreado en mi mente párrafos enteros dirigiéndose a mi persona
pero nunca he podido culminarlos
ni hallarme a gusto con su contenido.
Mi único consuelo ha sido
imaginarla, de noche, en mi cuarto, riendo, con sus coletas al aire
y diciéndome al oído
mientras hacía un puchero con la boca
que marcaba sus hoyuelos en las mejillas
"No te enamores de mi, estoy loca"
Y pensar que no le creía
              -luego la tela se rompió-.

domingo, 7 de octubre de 2012

No es más que un hasta luego

No te digo adiós
apenas un hasta pronto
Oso Hormiguero.
No te vimos partir
no te has ido
no te irás
nosotros nos quedamos
tú también.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Aunque nunca te lo dije, te quiero

 
- Aunque nunca te lo dije, te quiero -musitó.
Dejó caer el cuerpo en el suelo. Le acomodó la ropa y le peinó los cabellos, suavemente, como para no despertarlo.
Después se bañó. El agua de la ducha caía sobre su cabeza, sus hombros, sus cabellos encrespados.
Repasó con deleite cada repliegue de su cuerpo. Se estremeció.
Al salir se colocó un albornoz y lo sorprendió en un extremo de la sala. Ya no le parecía tan guapo como al inicio. No obstante, le despidió con un beso en su fría mejilla. 
Mientras caminaba un tipo en la calle le silbó. Se sintió bonita. Sonrió. 

jueves, 2 de febrero de 2012

Silvio

Algunas cosas son más que difíciles.
Como cuando te resistes a ver la verdad clavada en tus narices.
Como cuando no quieres aceptar una mentira.
Como cuando te empeñas en no ser burlado a pesar de haber consentido previamente a ello.
Como cuando huyes del desamor pero ya hace mucho dejaste de amarte.
Como cuando esperas la muerte que no llega. O el amor. Que, no es lo mismo. Pero es igual.

martes, 7 de junio de 2011

Cronología de un final no anunciado (ii)

Le dije señor q tal soy Pedro se acuerda de mi?
¿Qué fue de su hija?
Me dijo cómo ¿no sabes?... ella murió.
Suárez Vértiz. Talk Show.

07:00
Ya era 06 de junio. Todo estaba consumado en ese instante. El parte policial dictaminó que la hora aproximada de tu deceso fue a la medianoche. A esa hora todos en casa dormíamos plácidamente ignorantes de lo sucedido. Quizá alguno de nosotros tuvo frío o se levantó por la noche a orinar. Pero ninguna de esas cosas fue relevante como para advertir que detrás de tu puerta -permanentemente cerrada- no estabas (no estarías) nunca más.

08:00
Me levanté y a regañadientes me metí a la regadera. Hacía frío, pero no había dinero para comprar una terma. El escaso sueldo de mamá y mi hermano alcanzaba apenas para pagar la pensión de la Universidad. Tomé un ralo desayuno, me puse ese terno plomo que acababa de estrenar no hace mucho y del que estaba orgulloso (mi primer terno adquirido con mis propinas de practicante) y me encaminé a clases. Luego al estudio.

12:00
Alguien tocó la puerta de mi casa. Mi mamá esta sola. Era una señora acompañada de un cura. Sus rostros estaban lívidos y tartamudeaban al hablar. Le preguntaron si es la casa de Cecilia. Mi madre contestó con un sí afirmativo con la cabeza. El padre comenzó a hablar de Dios, del cielo, de un mundo mejor donde el cuerpo no sufre y el alma sonríe por toda la eternidad. Mi madre lo escucha como en medio de un sopor, de una neblina, de un sueño. "Su hija ha muerto", le dice de pronto al ver que no comprendía. "Quiero verla", responde. "Quiero verla", repite.

12:30
Fue sencillo llegar. El hotel quedaba a pocas cuadras de la casa. Hasta en eso habías pensado, Cecilia. No sería prudente hacer caminar a mamá tanto. En el camino se encontró con mi tío Francisco. Una hora después llegó Darío, quien telefoneó a mi otra hermana explicándole lo sucedido. No pudo terminar lo que estaba diciendo, pues mi hermana se desplomó en un llanto que parecía no acabar nunca.

15:00
Los presentimientos. No suelo creer en ellos, pero aquel día no sé por qué motivo decidí salir más temprano del Estudio y en vez de dirigirme a la Universidad a estudiar -como siempre- encaminarme a mi casa. Fue mi cuñada quien me comunicó lo ocurrido. Recuerdo que llevaba el terno puesto. Me desnudé y me coloqué cualquier cosa sobre el cuerpo. Salí como un demente, en dirección al hotel, a pocas cuadras de mi casa. Mis piernas me ardían del esfuerzo, pero eso no me importaba. Cómo odié no poder correr más rápido en aquel momento. Mis torpes piernas no ayudaban.

15:10
Llegué con el alma en vilo. Estaba agitado. Afuera divisé una camioneta de la Policía. "Soy su hermano", les dije. No me dijeron nada, solo se hicieron a un lado. En el interior estaba mi madre, mi tío Francisco y Darío. Mi mamá me abrazó. Sus manos parecían una garra que de un momento a otro destrozarían mi cuello. Darío, como siempre, tenía el rostro imperturbable y esa expresión de tranquilidad que oculta la desesperanza. Quise entrar. "Mejor no", me dijo mi tío Francisco. "No se puede quedar aquí", dijo la casera de pronto, rompiendo el silencio. "La muerte solo trae problemas". "Y mala suerte", remató.

15:30
Decidimos que entraríamos Darío y yo. La Policía había ingresado antes y cubierto su cuerpo con una sábana. Suspiré aliviado. Al menos no la vería en ese estado. Él la cargó de la cabeza y yo de los tobillos. Por debajo de la sábana, sentí su cuerpo rígido y frío, como de esos animales que encuentras atropellados en la calle.
Bajamos por las escaleras a tropezones. Parecía más pesado que nunca. Lo pusimos sobre la tolva de la camioneta. "Hay que llevarla a la morgue", nos dijo el Policía. "Luego ya se verá que hacer con el cuerpo". Nos subimos al auto de mi hermano, en silencio y seguimos el auto de la Policía en el que Cecilia yacía dado tumbos, mientras recorría las frías calles de la Ciudad de Piedra.

lunes, 6 de junio de 2011

6 de junio

Hoy fue un día particularmente solitario
sólos tú y yo
y el resto del mundo
ignorándonos.
Hoy leímos juntos
una historia de Cortazar
que presumo -por tu silencio-
te deleitó hasta el extremo.
Hoy fue un buen día
limpié tu lugar con esmero
arranqué la mala hierba que casi llegaba a tu lecho
descubrí con agua las letras que ocultaban tu nombre
adorné tu habitación con media docena de girasoles.
Luego me quedé dormido sobre tu lecho
debajo, enredada entre hierba y tierra húmeda reposa tu cuerpo.
Esa tarde soñé que intentaba abrazarte
-vanamente-.

domingo, 5 de junio de 2011

Cronología de un final no anunciado (i)

19:00
Probablemente ya llevabas las pastillas contigo, compradas a algún inescrupuloso boticario que si conociera su identidad ya estaría en prisión hace mucho tiempo. Intuyo que tenías clara la decisión que tomarías algunas horas después. Llevabas dinero contigo. Ese no fue un problema.
Había que escoger un lugar. Quizá en ese momento pensaste en mamá. Decías que no, pero sabías bien lo mucho que la querías. Pensaste lo terrible que sería para ella llegar hacia ti y descubrirte en ese momento de dolor.
Hacía frío esa noche. Saliste poco abrigada, con una casaquita de color morado y una falda color negro. Estabas bonita, como en esa foto que llevo clavada en mi mente. Buscabas un lugar. De pronto alzaste la mirada y lo encontraste.

21:00
En paralelo, yo bajaba del colectivo que me devolvía de mis clases de inglés. Supongo que llegué a la casa, saludé a mi madre y cené tal y como lo hacía todas las noches. Probablemente noté tu puerta cerrada, pero ni siquiera pensé en ello. Hace muchos años que esa puerta se había cerrado para mí. Para los demás. Para todos excepto para ti. Me puse el pijama, quizá leí un poco y luego dormí.

22:00
Tuviste hambre. Tu cuerpo te exigía lo que todo cuerpo exige a su dueño: vivir. Y para vivir debías de alimentarte. Bajaste de la habitación que habías alquilado y le preguntaste a la regente si vendía algún tipo de comida. Te contestó negativamente pero se ofreció a conseguirte algún tipo de sopa de un puesto cercano. "Súbeme cualquier infusión", le pediste. "Mañana tengo un examen importante y debo estudiar toda la noche. Que nadie me moleste por favor", concluiste.

23:00
¿Lo habrás dudado en algún momento antes de ingerirlas? Tenías la bebida caliente que la regente te acababa de subir. Quizá la última oportunidad de algún contacto humano hiciera que desistieras de tu propósito. Pero no fue así.
Tu estómago vacío te exigía algún tipo de comida, pero eso parecía ya no importarte. Abriste la boca (tu hermosa boquita rosada que tantas veces se quebró en una sonrisa) y comenzaste a introducir en ella una a una las pastillas que llevabas en una bolsa: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... Quizá llorabas cuando llegaste a la última. Jamás sabré eso.

23:15
Llevabas un papel y sacaste un lapicero de tu cartera. También eso lo tenias dispuesto. Iniciaste con un "Querida familia..." y nos comenzaste a mencionar uno a uno hasta que llegaste a mi nombre. En algún momento de la misiva tus trazos empezaron a perder forma, las letras se confundían unas con otras hasta que se diluyeron finalmente en una línea.
¿Te habrás arrepentido en aquel momento? ¿Habrás querido retroceder y habrá sido muy tarde? ¿Habrás querido llamar por teléfono como en el poema de Ernesto Cardenal? ¿Habrás pensado en Dios, en nosotros, en mi? ¿Habrás pensado en él?

23:45
Todo esta consumado. Hace frío pero no lo sientes ya. Tu cuerpo descansa en posición fetal sobre la cama, en medio de la soledad de la habitación. Es una escena hermosa. Si fuera pintor, pintaría quizá un cuadro con ella.
Aún no dejas de respirar pero ello es solo cuestión de tiempo. Tu muerte será consecuencia de un edema pulmonar, que dictaminará el parte médico al día siguiente. Ya es 06 de junio.
....
....

Oración por Marilyn Monroe
de Ernesto Cardenal

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
El templo de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20 th Century
Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles
¡contesta Tú el teléfono!

sábado, 4 de junio de 2011

Los que quedamos

¿A donde van los tristes soldados cuando termina la guerra?
¿A sus casas, al calor de una familia,
o el que solo tiene llagas, el infinito estigma,
no paseará por los campos de margaritas
añorando una juventud extinguida en el fuego de esta vida?
Blog de una virgen suicida

Ellos se van pero ¿que pasa con los que quedamos con el permanente dolor de su recuerdo?
A veces (perdóname, Cecilia) pienso que de todas, a ti te tocó la decisión más fácil: unas horas de titubeo, un momento de determinación, quizá un tardío arrepentimiento y luego nada. La oscuridad, la soledad y la noche.
Somos nosotros los que quedamos, los que tenemos que seguir arrastrándonos día a día. Es a nosotros a quien nos toca despertar cada mañana y darnos cuenta que ya no estas, que no fue un mal sueño o el inicio de una pesadilla que se repite. Es a nosotros a quien nos toca ir al trabajo y hacer frente a la vida. Y también a la muerte.
Es cuando nos percatamos que tú ya no estás pero el mundo sigue girando, como en esa novela que te gustaba tanto. La gente sigue riendo, viviendo, muriendo. Un día nos sorprendemos en un bautizo, en un matrimonio y también en un velorio o entierro de alguien que ha muerto y de pronto pareciera que se minimizara nuestra experiencia, pero en el fondo de nuestros corazones sabemos que no es así: una vez que la muerte te toca con sus alas, difícilmente podrás escabullirte de ella. Te perseguirá hasta los rincones más ignotos , hasta los abismos más recónditos de tu corazón. Querrás huir de ella y no podrás.
A veces es significativo como personas que ni siquiera los conocieron en vida, los recuerdan o albergan en su cabeza una suerte de recuerdo que no es sino el rompe cabezas construido en base a los recuerdos de otros. Es el caso de mi sobrino por ejemplo, que jamás la conoció y sin embargo habla con tal naturalidad y pronuncia su nombre como si la hubiere conocido de toda una vida. Incluso se sabe la fecha de su cumpleaños y otros detalles que no vale la pena mencionar.
Somos los que quedamos lo que sin saberlo -o sabiéndolo y no aceptándolo- formamos una masa compacta e indestructible unidos por el recuerdo de los que ya no están. Ellos se han ido, nosotros quedamos. Ellos descansan ya de esta vida, a nosotros -soldados de esta vida- nos toca seguirla viviendo. No hay opciones.

viernes, 3 de junio de 2011

Ella murió de 26

“¿Qué se puede decir de una chica de veinticinco años que murió? Que era linda. Y brillante. Que le gustaban Mozart y Bach. Y los Beatles. Y yo. Una vez, cuando me mezcló adrede con esos tipos musiqueros, le pregunté en qué orden me colocaba y ella contestó sonriendo: "Alfabético". Yo también sonreí entonces. Pero ahora que lo pienso bien, desearía saber si me ponía en la lista por mi nombre de pila -en cuyo caso estaría detrás de Mozart-, o por mi apellido -en cuyo caso estaría entre Bach y los Beatles-. De cualquier modo no me tocaba el primer puesto, lo que por alguna estúpida razón me perturbaba hasta sacarme de quicio (…)”
Erich Segal. Love Story.


Ciudad de Piedra, 04 de junio de 2011

Querida Cecilia

¿Llegará esta carta a su destino?
Te escribo porque no encuentro otra manera, además de mis sueños, de comunicarme contigo.
En los sueños soy un muñeco de las circunstancias, donde me enredo en tramas absurdas y jamás termino diciéndote lo que quería, como en ese cuento de García Márquez que era nuestro favorito y lleva entre sus letras el color azul.
Es cómico y patético a la vez que este sea el titulo de un cuento que intenté escribir por muchos años hasta que finalmente lo logré.
Es cómico y patético también que de pronto se estén desarrollando una serie de eventos en mi vida y de pronto me sienta más solo que nunca. En la más profunda orfandad del extravío. Y el desvarío, como diría Daniel F. Dicen que estoy acompañado, pero la verdad me siento muy solo. Podría ser una copla o la melodía de un vals, pero así me siento.
Parece increíble que dentro de unos pocos días se cumplan 10 años desde que te marchaste. Sin notificación previa o pre-aviso que valga: un día regresé de mis prácticas y mi cuñada me comunicó que ya no estabas. "Eduardo, me dijo, te voy a decir algo pero tienes que ser fuerte: Cecilia ha muerto".
Te pido perdón, Cecilia, porque en ese momento fui terriblemente imbécil, absolutamente mortal y pensé: "si es Cecilia esta bien, lo peor hubiese sido que sea mamá".
Uno no está preparado para ese tipo de noticias y por supuesto yo no lo estaba. Han pasado 10 años y todavía no lo estoy.
En ocasiones recuerdo poco de ti, mi memoria va construyendo a modo de red de pescador remendada la historia de tu existencia. Pero en mis sueños eres vívida, completamente real y palpitante.
Si, Cecilia, te suelo soñar demasiado. Mi madre dice que te comunicas de alguna manera conmigo. Yo, la verdad, no sé si es tu deseo de comunicarte con alguien lo que me hace soñarte con tanta frecuencia o es algún tipo de culpa que a modo de espina me carcome el corazón.
Toda la semana pasada por ejemplo te he soñado.
Es contradictorio porque soñarte me mantiene de alguna manera ligado a ti, a tu memoria, al recuerdo de cómo eras. Pero al mismo tiempo soñarte me coloca de golpe frente a la realidad, una realidad en la que tú ya no estás y nosotros sí.
Y que duro es despertar y no hallarte, Cecilia. Y que duro es despertar y saberse solo y darte cuenta que fue sólo un sueño, que ya no estás. Nunca más. Nevermore, diría el cuervo de Poe.
Mi madre dice que estás en el cielo. Yo no sé si creerle a mi madre o a los curas con quienes he platicado sobre las consecuencias de tu proceder. En todo caso, dondequiera que estés te imagino siempre como te vi en esos últimos días: con tus dos colitas lado a lado, desprovista de maquillaje, embutida en un pantalón de lana marrón y una inmensa chompa que había pertenecido a mamá y de la que te apoderaste.
Para nosotros no había trajes elegantes ni maquillaje elaborado, Cecilia. Eras tú, de la manera cómo te levantabas y de la misma manera en que, por la noche, te ibas a dormir. Nosotros no importábamos o al menos eso querías hacernos pensar.
Quizá el tiempo ha deformado el recuerdo que tengo de ti, Cecilia, pero a veces asoman a mi mente recuerdos extraños, recuerdos en los que capto de pronto una mirada, un movimiento de tus inmensas pestañas, en los que de pronto tus labios se entreabren y se muestran amigables, en los que tu mano tapa tu boca que se perfila en forma de grito y que al final termina por convertirse en una vibrante carcajada, donde te ríes de nosotros, te ríes con nosotros, Cecilia. Y ya no existen más los rostros adustos en la mesa, ni tu mirada pétrea clavada en el borde de la mesa, sino solo sonrisas y más sonrisas compartidas.
Hay ocasiones en que no puedo dormir y me pongo a pensar en ti hasta que de pronto me doy cuenta que ya amaneció. Hay otras, donde me embadurno el alma de pastillas que me transportan a lugares ignotos de donde despierto como si acabara del beber las aguas del mágico leteo: sin recuerdos.
Pero por lo general no dejo pasar un día sin que piense en ti, Cecilia.
Yo no tengo una idea muy clara del cielo y el infierno. O del purgatorio. O de una escena como en la novela de Dante. Mi visión de las cosas es más terrenal y mundana: ella ya no está y su ausencia me agujerea el pecho a diario.
Van a cumplirse 10 años, Cecilia, que rápido pasa el tiempo, caracho. Hoy casi tendrías 36 y estarías peinando, probablemente, sólo probablemente, tus primeras canas. Quizá estarías casada, quizá tendrías hijos. Quizá sería tuya esa hermosa niñita de vestido organdí que en ocasiones descubro espiándome en mis sueños.
Leo de pronto una página al azar de mi viejo diario y de pronto caigo en la cuenta que las cosas no han variado mucho desde que te fuiste. Todavía conservo ese saco marrón que me protegió del frío mientras esperaba por ti, en la calle, afuera, frente al edificio de la morgue. Todavía conservo muchas imágenes y vivencias de esa fría semana de junio en la que te fuiste, en la que el viento me taladraba tu nombre.
Debo reconocerlo, Cecilia. Pueden haber pasado 10 años, pero el viento todavía me grita tu nombre.
...
...
17 junio de 2001 (extracto de un diario)
Estamos 17 de junio, y han pasado tantas cosas en mi vida.
Mi hermana, mi vida –porque uno a veces no sabe quiénes representan pedazos de su vida hasta que la pierden- falleció el miércoles 6 de junio. Tenía sólo 26 años. Mi compañera de toda la vida, con quien pasé una infancia feliz. La creadora de todos mis juegos, ella, no está más.
Simplemente decidió no vivir más sin amor, porque –ahora lo sé- las personas morimos en vida también cuando no tenemos el amor que deseamos.
No puedo escribir mucho. El ánimo me ayuda muy poco.
He pedido licencia en el trabajo hasta quincena de julio. Ni trabajar bien puedo por estos días.
Aún hoy, se me hace difícil hacerme la idea que no oiré más su voz, que no veré más su delgada figurita paseando por las calles, que sus graciosas colitas con las que a veces adornaba su rostro, no ondearan más con el viento...
Y como leí alguna vez, no sé en donde, no puedo dejar de pensar a cada momento en ella: el viento me grita su nombre.
(...)

domingo, 21 de noviembre de 2010

Hoy cumpliría 36

Le dije señor que tal, soy Pedro
¿Se acuerda de mí? ¿Qué fue de su hija?
Me dijo, cómo ¿no sabes?... ella murió.

Pedro Suárez.

Querida Cecilia,
Es gracioso como a veces pasa el tiempo y ni siquiera lo notas.
Han pasado ya diez años desde que nos dejaste y parece que hubiera sido ayer y parece que nunca hubiera ocurrido. Hoy cumplirías 36. La misma edad con que contaba Marylin cuando murió.
A veces me esfuerzo en recordar el tono de tu voz, la intensidad de tu mirada, el sonido de tu risa, pero es inútil. Mi cerebro alberga cada vez menos imágenes fragmentadas de tu recuerdo.
A veces creo recordar algo pero no estoy seguro si es que realmente he recordado o es mi cerebro quien se empeña en recrear mi necesidad de hacerlo y como un niño, me complace.
Otras veces pienso que te he olvidado. Pueden pasar semanas completas y parece que no pienso en ti y entonces pienso que así efectivamente, debe ser la muerte: el olvido final.
Luego llegas de golpe y te insertas una vez más en mi vida. A veces siento como si no te hubieras marchado, como si de alguna manera siempre estuvieras aquí, conmigo, cuidando cada uno de mis pasos, como la hacías cuando era pequeño y tu dos años mayor ¿recuerdas?. En ese entonces fingías que mi pequeña existencia no te importaba pero yo sabía bien de tu necesidad de protegerme, como cuando me cogías de la mano al cruzar la avenida para ir al colegio sin que nadie te dijera o cuando me defendías de tus compañeritas mayores que se mofaban de mí llamándome "Cecilio".
Todavía recuerdo el día en que hicimos no se qué travesura. Muy terrible debe haber sido que nos castigaron a ambos. Tú no podías soportar el verme llorar y te echaste la culpa aunque sabías bien que el causante era yo.
Cecilia, Cecilia. No debe haber sido cosa fácil nacer antes que yo. Tú eras la engreída de la casa y de pronto llegué yo. Mi madre me confesó un día que fuiste planificada, que fuiste hecha con amor. Yo nací de los últimos vestigios de odio en el corazón de nuestros padres. Fui un hijo no deseado que llegó a insertarse en nuestro mundo familiar en el peor momento y quizá a causa de ello recibí en alguna oportunidad más atenciones que tú. Después de todo, tú ya eras grande, yo aún pequeño, tu ya no necesitabas de aquellos juguetes que de pronto pasaron a ser míos. Tú debiste crecer de pronto, tu consigna no era ya el jugar con tus muñecos sino el cuidar de tu hermano, aún pequeño.
La gente a veces solía decir que nos parecíamos. Yo no entendía cómo podían decir ello, si a mi me daba la impresión que tú eras lindísima y yo andaba algo rezagado en los cánones de la belleza. Pero algo de similitud habría quizá en nuestras miradas que hacía que de inmediato se nos asociase como hermanos donde quiera que íbamos.
No debe haber sido cosa fácil verme crecer. Verme convertirme de pronto en adolescente y luego en hombre. Tampoco debe haber sido sencillo sentir que en alguna oportunidad se me otorgó alguna posibilidad que a ti te fue negada. Nunca me perdonaste el hecho que yo pudiera asistir a una universidad privada mientras tú debiste conformarte con la estatal.
Y lo cierto es que eras tremendamente más inteligente que yo. Quizá la más inteligente de toda la familia. Eras algo así como un talento desperdiciado.
A veces no pienso en ti, es cierto, pero otras no puedo dejar de hacerlo. Hoy por ejemplo, me he pasado todo el día intentando no pensar en por qué me he sentido de esta manera. Le he echado la culpa a la ausencia de mis medicamentos, al clima, al hecho de vivir solo, a la vida. Pero la verdad sea dicha sucede que no he querido hasta ahora sentarme y pensar en ti.
No sino hasta ahora que me veo enfrentado con mis pensamientos y me veo obligado a ello.
Pienso en ti y te veo en dos colitas, con tu pantalón de lana marrón -nada estético- y una chompa de lana roja que había pertenecido a mamá y que atesorabas. En casa no había motivo para andar bonita. Nosotros, lo de adentro no importábamos.
En realidad habíamos dejado de importarte desde hace mucho tiempo. Ya ni siquiera nos mirabas. Recuerdo que en alguna oportunidad (debió ser en los últimos tiempos) alguien hizo una broma sobre ti en la mesa: debió de haber sido una buena broma, una magnífica broma, una estupenda broma que te obligó a levantar los ojos del plato y sonreír tímidamente. Me he quedado por años con el recuerdo de esa sonrisa.
Han pasado ya diez años Cecilia. Hoy me gustaría decirte tantas cosas. Comenzar a escribirte esa extensa carta que un día prometí te escribiría y hasta ahora no empiezo. Visitarte mas a menudo como antes, cuando me sentía solo o sencillamete estaba en esos días.
Mas tarde seguro iremos a verte. Como todos los años mi madre dirá algunas palabras y los demás guardaremos silencio. Luego almorzaremos en familia y comenzaremos a sonreír uno a uno, como quien va saliendo de un largo sueño.
Y estarás allí presente en cada uno de nosotros. Aunque no quieras. Ya no te importará la edad, ni andar con la vestimenta adecuada. No te importará cumplir 36 ni sentirás que el tiempo ha pasado sobre tu rostro y que ni las cremas o el gimnasio pueden remediar lo ocurrido. Y sonreirás, como aquel día que tengo grabado en mis recuerdos. Y serás feliz aunque sea un instante. Y no podrás dejar de hacerlo. No podrás.

sábado, 6 de noviembre de 2010

No debiste morir. No.

Did she say Lima?
Te escucho y comprendo por que Pizarnik
te compuso un poema.
Moriste lentamente
como un grito agudo
escapando de tu garganta.
No debiste morir
no.
Yo tampoco.
Both.

Para Janis Joplin
Alejandra Pizarnik

a cantar dulce y a morirse luego
no: a ladrar.

así como duerme la gitana de Rousseau
así cantás, más las lecciones de terror.

hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
me pregunto si eso no aumentó el error.

hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Tears In Heaven

Oí esta canción
en la voz de Eric Clapton
compuesta luego del fallecimiento de su hijo
de apenas cuatro años.
...
...
Una ventana ventana abierta
un breve descuido
un edificio en las alturas.
...
...
Un grito ahogado
la sensación de vértigo al momento de la caída.
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¿Sabrá ella mi nombre
cuando nos encontremos otra vez en el cielo?


¿Recordará la forma tan especial, tan nuestra que tenía para dirigirse a mí?
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Oí esta canción...
y de pronto me sentí azul una vez más.
Azul, terriblemente azul.
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Blue.

jueves, 22 de abril de 2010

Norma Jeane Baker

Hoy me he quedado en vela hasta muy entrada la madrugada, mirando antiguas fotografias tuyas, descoloridas por el tiempo y por lo años. Intentado descifrar algo en algun resquicio de las arruguitas que comenzaban a dibujarse en tu rostro (descubri dos).

Hoy descubri que eras tambien humana, que llevabas un corazon detras de la coraza. Hoy pense demasiado en ti.

Vi algunas fotografias tuyas, ineditas decia la pagina de donde las extraje. Pense en las demas fotografias, aquellas que aun pernanecen ocultas, donde luces sonrisas sin coqueteos y poses sin aires de diva fatal.

Pense en la historia de tu muerte una vez mas, en la forma en que decian te hallaron, desnuda sobre tu amplia cama, con la mano estirada hacia el telefono como en actitud de llamar a alguien y pense en aquel poema de Cardenal, diciendo "contesta tú el teléfono".

Pense en contestar esa llamada aquel 5 de agosto de 1962 , en decirte algo el oido (quiza muy poco). Pense en que quiza pudimos ser amigos, sin oropeles, sin maquillaje. Solo Norma Jean en vez de la Marylin que todos creian conocer. Pense en que quiza ella seria como tu, a diferencia que tu llegaste a 36 y ella tan solo a 26. Pense muchas cosas.

Imagine tu timidez escondida y la mia expuesta a flor de piel. Mi ingles chapurreado y tu castellano inintelegible. Imagine ser yo el que llevaba sobre el regazo esa guitarra aquel dia, intentando rasguñar la veitiunica melodia que aprendi desde muy chico.
Yo no era Joe DiMaggio, ni Arthur Miller, pero tu sonreias... y tu risa era mas fresca y natural que nunca.