Han pasado cuatro años
Ya nadie lee blogs
El mundo está enfrascado
Entre reels del tik tok e inteligencia artificial
Everywhere
Y yo sigo aquí
Gritando
Buscando
Alguien que quiera oír
…
Alguien.
Han pasado cuatro años
Ya nadie lee blogs
El mundo está enfrascado
Entre reels del tik tok e inteligencia artificial
Everywhere
Y yo sigo aquí
Gritando
Buscando
Alguien que quiera oír
…
Alguien.
A Julio C., por las lágrimas .
Tenía los ojos aguados desde antes de terminar su lectura. Su mirada recorrió la última frase, palabra, sílaba, letra, punto.
Cogió su teléfono, no se abría “maldita clave”, pensó. “Siempre la olvido”.
La llamada no conectó. Marcó otra vez. Esta vez si escuchó el sonido de la conexión y el timbrazo, al otro lado de la línea. Un timbrazo extraño, que en nada se parecía al timbrado de un teléfono tradicional y que le hacía pensar en la escuela y la vez que lo llevaron a conocer a los payasos en el circo.
Esa tonada, aquella tonada… tonta y graciosa a la vez.
De pronto el teléfono dejó de repiquetear. Se quedó enmudecido con el celular pegado a su oreja, intentando captar cualquier sonido. Se escuchó como un baboseo, como si alguien se hubiera metido el auricular en la boca y estuviera impedido de hablar.
“Te he dicho mil veces que no te metas ese juguete a la boca, Babe”, dijo Delia mientras apartaba con suavidad el juguete que no cesaba su repiqueteo.
Lo he marcado en el calendario como un día ignominioso.
Una mañana
de setiembre me llamaron de la clínica
Manejaba,
me dirigía a la oficina
Mi
secretaria me avisó que los chicos me habían preparado algo
"Una
sorpresa", me dijo con voz melosa "¡No diga que ya le conté!".
Oí el
timbrazo y contesté anticipando uno de esos saludos cumpleañeros
- ¿Alo?
- Llamamos de la clínica donde su madre se sacó la biopsia. Ya tenemos los resultados.
Luego el mundo
dejó - de -
girar.