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sábado, 25 de julio de 2020

Talk Show


Jack: Please, Kate. One cup of coffee.
You can always go to Paris
Just.. please, not tonight.
Kate: Okay, Jack.
Family Man (2000)
Pasan los días
Con sus tardes grises y sus noches frías
Miro tus fotos y me da miedo pensar que existes
Que tienes una vida
Que yo tengo otra
Que no es la mía, ni la tuya.
...
Coger el teléfono
Decir “hola”
Escuchar tu respiración del otro lado de la línea
“Ha pasado algún tiempo”
(Demasiado)
Imaginar tus dientes de ratón mordiendo tu labio inferior hasta hacerlo sangrar
Escuchar tu latido
“No te importuno más, perdón, solo quería decir hola”
Luego colgar
Seguir oyendo tu respiración
(a pesar de haber culminado la llamada)
Que se va perdiendo entre las volutas del silencio
Entre tu nombre que expresa una emoción
Y el mío que representa tu ausencia.
...
Me da miedo pensarte. Abrir esa página.
Cierro el libro.
Me atiborro de media docena de pastillas
Caigo en un vaho profundo en el que te sueño
Y al día siguiente no te recuerdo
Solo una sensación de felicidad en el pecho
Inexplicable...
... que me marca una sonrisa el resto del día:
Ojos de perro azul.
...
Prefiero no pensarte.
No sentir tu latido.
Talk Show.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mensaje oculto en una botella 7

Lo que sé del olvido
lo aprendí de la luna.
Sabina

La luna se preocupó poco de instruirme en los asuntos mundanos. Se encargó mas bien de darme una educación al estilo espartano, donde el placer se deslizaba de manera sinuosa por los cobertijos de su olvido. No hubo vacuidad en tu impulso o el mío. Apenas una manifestación incipiente de aquello que un exabrupto de frenesí, denominamos amor. Both.

viernes, 5 de octubre de 2012

Diario de Raquel (1)


Siento que vienen, tus pies chiquititos
cariño bonito, por dónde andarás.

Pretender mantener un poco de cordura me esta llevando a la sin razón y el olvido. Estoy exhausta de buscar fantasmas bajo las faldas de mi cama, en el ropero, en los cajones de mis pulmones, pero por sobre todo en mi corazón. Llevo muchos años sin contacto físico. He perdido la cuenta de los días en que me acuesto a su lado y me duermo al compás de su respiración agitada. Buenos días amor, es lo último que oigo y lo primero en la mañana, cuando despierta. He aprendido a aceptar sus explicaciones sobre nuestra relación y comprender que hay más de una manera de trascender a lo físico. Es gracioso. Lo mismo decía Eisntein en relación al espacio y el tiempo. No le creían, el tiempo le dio la razón. Mis relaciones anteriores se caracterizaron por ser del todo opuestas, es decir mantener una alta dosis de sensualidad. No obstante he aprendido a decirme (¿convencerme?) que esos días quedaron atrás. Que he cambiado. A veces me encierro en el baño y me toco el sexo con prisa, con la luz apagada, mientras ruido del grifo llena de agua la bañera. Un instante liberador que de inmediato me lleva a una nueva forma de olvido. Y de culpa. Luego, buenos días amor, otra vez: la nostalgia. Soy una viuda feliz, que le da un beso en la boca al cadáver que ha de ser enterrado. Me he acostumbrado también a sus mutismos, a sus claros y oscuros, a su forma lacónica de expresarme cariño, a adivinar su estado de ánimo según el movimiento de sus cejas. He aprendido a odiar los domingos, pero en contrapartida  a amar sus madrugadas interminables, como si su mero sonambulismo pudiera retrasar el inicio del siguiente día. He tenido que lidiar con su gata, con la que cada noche peleo por su atención, por una caricia, por un espacio privilegiado en la cama. He disculpado sus olvidos garrafales (mi cumpleaños, nuestro aniversario), sus manías absurdas que me llevan al límite. Hoy por ejemplo me llamó por teléfono al trabajo y me dijo que había adquirido unas entradas para el teatro. Detesto esas obras filosóficas en las que debo mantenerme atenta como si su contenido me interesara, procurando no quedando dormida. Detesto aún más, tener que comentar su contenido durante el tiempo que hacemos del teatro a la casa, intentando parecerle interesada, como una aplicada estudiante reflexiva. Si la noche es propicia quizá un caricia, si llega a más, tal vez un beso. Luego, buenos días amor otra vez y otra vez mi delirio que sigue girando.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Fin

Ya soy un día más viejo que ayer. Quiero dormir y no puedo. Pensar en tus ojos por unos instantes a pesar que sé que no debo. Perderme en los acordes de un par de canciones. Reafirmar una promesa que hice y que ahora me ata. Escuchar tu lamento. Vomitar el mío.

sábado, 14 de julio de 2012

Querida Laura

Querida Laura:
Te escribo esta carta sin intención de recibir una misiva de respuesta. Te escribo simplemente por el hecho de siento la necesidad de hacerlo, porque el otro día que venía caminando inició un chubasco de ésos que te mojan hasta los huesos, una especie de meteoro postdiluviano que parecía nunca terminaría y de pronto me vi en la calle, caminando sin paraguas y pensando si todavía te gustaría la lluvia. Te imaginé con tus ojos de siempre, cerrados, una sonrisa dibujada en tu boca, los brazos abiertos y la ropa empapada. Feliz.  
¿Recuerdas que un día te mostré esos cuadernos repletos de ideas, de frases sueltas, todas y cada una de ella inicio de lo que algún día sería un magnífico cuento o novela, mis "grandes obras" que llegaría a escribir mientras tu te dedicarías a trabajar hasta que yo acabara esa monumental obra que después nos daría de comer por generaciones? Pues jamás inició. Aún todavía pienso en qué momento perdí el camino. En qué momento dejé de soñar. En qué momento exacto dejaste de estar.
¿Todavía sueñas tú Laura?
Yo dejé de soñar porque hacerlo era una necesidad imperiosa para sobrevivir. Y he sobrevivido, claro que lo he hecho. Pero hay días como el de hoy en que me gana la apatía, cuando me siento algo similar a una cadáver. Tal vez yo no haya elegido el suicidio pero en ocasiones pareciera que no tuviera la necesidad de hacerlo, como si fuera una especie de malformación genética que no pudiera rechazar porque pervive en mis genes, en mi destino, en mi corazón.
¿En qué momento se me jodió el corazón Laura?
Hace mucho que dejé de buscar la respuesta. La verdad (quizá la única en mi vida) es que tengo miedo. Temor de dar un paso del que después ya no pueda arrepentirme y decir hasta aquí nada más, eso es todo, buenas noches los pastores, se acabo la tragicomedia. Tal vez he tenido mucho miedo de ti, pero también de mi. Me he convertido en algo que esta muy lejano a lo que quería, a lo que esperaba. Me da miedo mirarme al espejo y descubrir que esos ojos que me observan en ocasiones no se asemejan a los míos.
¿Todavía te gusta la lluvia?
Recuerdo cuando era pequeño. Soñaba con una casa de campo, un balcón, una mesa pequeña, una máquina de escribir, tus brazos enroscados alrededor de mi cuello y la lluvia afuera en la calle haciendo sonidos extraños con el golpeteo del zinc del tejado. No necesitaba nada más. ¿En qué momento alguien me pinchó el globo y dejé de soñar?
A veces pareciera que somos personajes de una historia que no termina de escribirse. Dos destinos que transcurren paralelos pero que jamás llegan a cruzarse. Tú a un extremo del mar, yo del otro. Dices que todo cambiará muy pronto, serás el mismo de siempre, dijiste, te sentirás poderoso. Me gustaría que a veces lloviera en Lima. Para sentirme más bien pequeñito. Me gustaría de despertar de mis sueños, que algunas pesadillas jamás se conviertan en realidad, descubrir la máquina del tiempo, guardar el secreto de una quimera. Me gustaría tantas cosas Laura, como en una película de ésas, pero a veces he de conformarme solo con el recuerdo de una noche fría, las sandalias en tus hermosos pies, una canción que hablaba de pájaros que de pronto aparecían, tu expresión de gozo absoluto, tus ojos maravillosos cerrados y las gotas de lluvia golpeteado mi corazón.
Jorge

miércoles, 4 de julio de 2012

Querida Mary

Querida Mary,
Te escribo si saber bien el motivo. Tal vez por la misma razón que los pájaros vuelan, los lobos aullan de noche y los árboles pierden sus hojas en otoño.
Hoy ha sido un día particularmente lleno de emociones, repentinas, de esas que te carcomen el alma y te dejan en la cama llorando durante horas. Comprendo que no debo hablar contigo y he tomado la firme convicción de no hacerlo. Por eso te escribo cartas, aunque sé que jamás llegarán a su destino.
Los días aquí transcurren de manera lenta, a veces agobiante. En ocasiones me digo a mi mismo que ya me he acostumbrado a esto de vivir así. Pero no es verdad. Echo de menos mi ciudad, la forma de los tejados (planos), el ruido de los autos, la manera de hablar de las personas, el cielo de Lima, su clima húmedo. También te echo de menos a ti.
Hoy ha sido un día particularmente caluroso. Hemos llegado a casi 40 grados. Mis ventanas están abiertas de par en par y por momentos entran ráfagas de aire caliente que impiden respirar. Me acuesto muy tarde y no puedo conciliar el sueño a causa del calor. Por las mañanas, me levanto muy temprano por la misma razón. En consecuencia, casi todo el día ando soñoliento y cansado.
He pensado mucho en tus cartas. Hace mucho que no recibo ninguna. A veces me entretengo leyendo algunas e imagino que se trata de una nueva misiva. Pensar de esa manera me alegra de sobremanera el día. También veo muy seguido tus fotografías. Me gusta observar por mucho tiempo la forma de tus ojos y descubrir detalles que antes pasaban inadvertidos. He cogido la manía de tomar alguna foto tuya e intentar imaginar en qué estarías pensando en el momento preciso en que la captaste. Ahora por ejemplo, intento imaginar la forma de tu mirada al leer esta carta, el rictus de tu sonrisa, el enmarcamiento de tu ceja, el endurecimiento de tu mandíbula y tu olor. Sobre todo tu olor.
Recuerdo en una ocasión que te pregunté a qué olía. Me respondiste "Hueles a ojo". Incluso hasta hoy intento imaginar cómo sería ese olor. Tal vez sería el inicio de un tipo de nueva fragancia que algún día podría patentar en el mercado. No pregunté a que olía un ojo. Imagino que la respuesta hubiera sido "huele como tú".
Madrid es una ciudad muy grande. Hay ocasiones en que he tomado el elevador y me encontrado con un representante de casi todas las regiones del mundo: americanos, asiáticos, africanos, europeos, oceánicos. Todos los colores. Todas las razas. Casi un United Colors of Benetton en versión mundana y terrenal.
Son más de las dos y no tengo sueño. Me gustaría saber qué estas haciendo en este preciso momento, que cosas miras, con qué personas hablas, por dónde transcurren tus breves pasos. Se me vienen a la mente esos días en que me escapaba de la oficina con la sola intención de verte (aunque fuera un instante) para luego regresar raudamente, incluso sin haber almorzado. Me gustaría tener noticias tuyas pero sé que eso no ocurrirá. El cartero demora mucho. Tal vez demasiado para nosotros. Mi buzón no esta cerrado pero sé muy bien que el tuyo sí.
He arreglado mi vieja máquina de escribir. La tinta se había secado y me he visto obligado a comprar una nueva. He leído algunos libros. El último es de Truman Capote. Se llama "A sangre fría". Casi no escribo. El calor no me deja. Necesito una ciudad donde el invierno sea eterno. Tal vez algún día me acabe mudando a Alaska.
He cogido un nuevo amigo. Aún no tiene nombre. Lo encontré anoche en la calle y le di una lata de atún que devoró a regañadientes. Es de color negro y tiene una mirada felina que mata. No sé si mañana esté, pero me alegraría mucho que así fuera. Sería bonito tener un amigo a quien hablar aunque no me entienda. Estoy harto de aquellos que dicen ser mis amigos y no comprenden nada. 
Es todo por hoy. No es que no tenga nada más que escribirte pero imagino que debo concluir en algún momento y creo que este lo es.
Te dejo un fuerte abrazo que sé tampoco llegará.
Max

jueves, 7 de junio de 2012

Mensaje oculto en una botella 6

Para poder caminar, es necesario dar un primer paso antes.
Yo di uno.
¿Darás tú el siguiente?

lunes, 21 de mayo de 2012

Mensaje oculto en una botella 5

Me da miedo pensar en ti.
Descubrir que contra mi voluntad y mi razón
(inútiles compañeras)
todavía eres parte de mi presente, de un futuro (que me resisto a olvidar), de mis más grandes temores, de mi perdición y por qué no, de mi olvido.
Me da miedo descubrirme fisgonenado las migajas que me dejó el reflejo de tu sombra, el recuerdo impoluto de la masturbación de tu corazón contra el mío, tu sexo, mi esperanza, tus manos extendidas, mis pasos que cruzan el mar para después caer rendidos en el último aliento de tu olvido.

sábado, 19 de mayo de 2012

Ha pasado tanto tiempo


Lobo, yo sí te recuerdo (...)
Para esos asuntos
no he crecido mucho todavía.
SIlvio Rodriguez.

Hay canciones que cuando las escuchas por primera vez
no te dicen nada
ni la segunda
ni la tercera
ni la cuarta
ni la quinta.
Pero el tiempo pasa
y lo que en un primer momento carecía de significado
adquiere relevancia
se va volviendo diáfano
no me pregunten de qué forma.
Tampoco me pregunten de qué canciones les hablo
(siempre hay una canción para todo aquél que quiere recordar y alguna otra para el que desee olvidar).
Ha pasado tanto tiempo y todavía escucho aquellas viejas canciones
aquella con la que reíste
esta otra que te hizo llorar
con la que hicimos el amor, la primera vez
                                             y la última
la que siempre llevabas detrás de una sonrisa
las de letras indescifrables
la que me dedicaste y al cabo de unos días olvidé
la que solía oir tu abuela en la radio
la que gustaba tu hermana
la que un día me confesaste odiar
aquella con la que recorrí cada espacio de tu cuerpo
e hiciste después lo propio, con cada resquicio del mío
con la que nos causamos dolor
la que nos brindó esperanza
la que justificó el olvido.
Pero por sobre todas
ha pasado tanto tiempo
y todavía me persigue aquella canción
como si permaneciera tatuada en cada espacio de tu cuerpo
y del mío
más allá de mi voluntad
y de mis pesadillas
de mis orillados sueños
de tu existencia
y ¿por qué no? de la mía.

domingo, 6 de mayo de 2012

Mensaje oculto en una botella 4

Para ti.

"Tus viejas cartas". Cómo me gusta esa canción. Sobre todo la parte en la que dice: "Y sigue dando vueltas y vueltas la loca rueda de la vida. Y sigue rondando en mi cabeza, el enigma palpitante de tu voz".
Ayer, empecé a leer antiguas cartas tuyas. No me pregunten cómo. Hace mucho que tenía ganas de hacerlo. Quería entender de qué manera la vida me ha llevado a este punto de la existencia. Quería buscar respuestas pero sólo encontré más preguntas que ni siquiera pude contestar de manera medianamente satisfactoria.
El destino nos ha llevado por caminos diferentes, que no se entrecruzan ni se tocan, pero que continuan discurriendo, eternamente paralelos. Tú a un lado, yo al otro. 

domingo, 22 de abril de 2012

Mensaje oculto en una botella 3

No olvidé la fecha.
Lo pensé muchas veces y decidí que sería mejor así.
A fin de cuentas qué podía decir
hubiera asemejado un diálogo de sordos
un intercambio de miradas de dos ciegos
que ya no se quieren ver
en fin.
Tal vez hubiera empezado con un:
"Hola...  soy yo. Feliz cumpleaños".
Y después uno de esos silencios incómodos
en los que parece que los minutos se convierten en horas
y comienzas a sentirte increiblemente inoportuno.
Rídiculo. Torpe.
Pero no lo olvidé.
Tal vez tú no lo necesites
pero yo sí.
Necesito recordarme a mi mismo
que no lo olvidé.
Que a pesar mío no lo hice.
No.

domingo, 22 de enero de 2012

Mensaje oculto en una botella 2

¿Aún te preguntas que viene despues de la soledad?
¿Es también el cielo parte del mar?

miércoles, 18 de enero de 2012

Mensaje oculto en una botella

Este es un mensaje oculto en una botella, Como aquellos que lanzaban los naúfragos que encallaban en alguna isla desierta, con la esperanza que algún día llegase a su destino.
A veces las noticias llegan tardías. Y de pronto vas entendiendo la razón de que en días pasajeros tuvieras esa sensación inexplicable de angustia, de desazón, carcomiéndote el pecho.
No sé si algún día descubras esta botella, pero si lo haces, me gustaría decirte que a pesar de la distancia, del tiempo y de todas las demás cosas que ocurrieron, comparto tu tristeza por las cosas que vienen ocurriendo. La comparto.