sábado, 14 de agosto de 2021

Cuando nadie nos mira (marionetas)

Estuve leyendo tus viejas cartas
Enanitos Verdes
A veces miro tus fotos
se que tú también miras las mías
me da miedo el solo i-ma-gi-nar-te
-y no saberte-
te da miedo el saber que te imagino
-y obligarte a no pensarlo-.

Somos dos marionetas de trapo 
estremecidas por la mano cansada  
de un titiritero extinto 
que se consumen en un torpe abrazo 
y se musitan al oído
un destino trágico. 

sábado, 25 de julio de 2020

Talk Show


Jack: Please, Kate. One cup of coffee.
You can always go to Paris
Just.. please, not tonight.
Kate: Okay, Jack.
Family Man (2000)
Pasan los días
Con sus tardes grises y sus noches frías
Miro tus fotos y me da miedo pensar que existes
Que tienes una vida
Que yo tengo otra
Que no es la mía, ni la tuya.
...
Coger el teléfono
Decir “hola”
Escuchar tu respiración del otro lado de la línea
“Ha pasado algún tiempo”
(Demasiado)
Imaginar tus dientes de ratón mordiendo tu labio inferior hasta hacerlo sangrar
Escuchar tu latido
“No te importuno más, perdón, solo quería decir hola”
Luego colgar
Seguir oyendo tu respiración
(a pesar de haber culminado la llamada)
Que se va perdiendo entre las volutas del silencio
Entre tu nombre que expresa una emoción
Y el mío que representa tu ausencia.
...
Me da miedo pensarte. Abrir esa página.
Cierro el libro.
Me atiborro de media docena de pastillas
Caigo en un vaho profundo en el que te sueño
Y al día siguiente no te recuerdo
Solo una sensación de felicidad en el pecho
Inexplicable...
... que me marca una sonrisa el resto del día:
Ojos de perro azul.
...
Prefiero no pensarte.
No sentir tu latido.
Talk Show.

sábado, 25 de mayo de 2019

Para cuando despiertes (7)

Ha vuelto a hacerlo.
Descubro una vez más esa media sonrisa en su rostro
("igual que tu papá, dirías")
y pienso en que está dormido
y que tal vez ahora mismo
te esté soñando
Quizá descansa sobre tu regazo
o yacen ahora mismo los dos sobre el suelo
fundidos en único abrazo
inacabable
eterno
de esos que parece durarán toda una vida
pero que se rompen al caer la noche
con los primeros cantos de los pájaros
en el día
en el momento que despiertas
y te das cuenta que ella no está
que ha sido un sueño hermoso
que eres incapaz de verbalizar
pero de pronto te hace llorar desconsolado.
...
- Despierta. Está llorando el bebé en su cuarto
.
- Lo traeré.
- Hola mi amor, seguro tienes hambre, acá está mamá.
...
Y el mundo sigue girando.

domingo, 12 de mayo de 2019

Para cuando despiertes (6)

Odio las redes sociales en estos días
explotando de saludos y fotografías de rostros sonriendo
captando un instante de sus vidas
que me recuerdan que alguna vez
también tuve una similar.
Entonces los días parecían largos
inacabables, sempiternos
como si el final anunciado nunca fuera a llegar
Odio los días como estos
en el que las redes sociales se llenan de mensajes recordando a mamá
(tu mamá no tiene siquiera Facebook)
mientras transcurre mi tarde
tomándome un café que el mozo del local me ha vuelto a llenar molesto
(quizá él también desea escribir un saludo en las redes sociales a su mamá).
No tengo el valor de abrir mis redes y enviarte un saludo
prefiero hacerlo oculto en el anonimato de esta cuenta
Después de todo, si crees que existe una vida después de la muerte
¿Por qué no creer que alguien, en algún lugar, va leyendo mis líneas mientras las termino de digitar?

sábado, 9 de marzo de 2019

Se prohíben las caricias y los besos



Aquél bien podía haber sido el lema que acompañó mi niñez. Entre nosotros no estaban permitidas las caricias ni los besos. Apenas el brusco apretón de manos con el que nos saludábamos al encontrarnos o nos despedíamos una vez finalizadas las reuniones familiares. Hasta el día en que se marchó mamá.
Ni bien nuestras miradas se encontraron, me di cuenta de que tu antigua rudeza había desaparecido.
Llegué hasta a ti a tiempo para sostenerte entre mis brazos, para ocultar la explosión de tu llanto que se confundió con el mío. 
Entonces comprendí que también tú habías muerto.

Para cuando despiertes (5)

A mi mamá, en el cielo.
¿No ves? ¿De verdad que si no ves?
En las noches, cuando duermo y te sueño, y me siento cerca a ti, tan cerca que imagino que estoy a punto de desvanecerme de alegría de tenerte cerca.
En el día, cuando sueño despierto, y camino por aquellas calles y avenidas por donde alguna pasamos, mis pasos locos, los tuyos cortos y cada vez más cansados.
¿No ves? ¿De verdad que si no ves?
En las tardes de verano, cuando el sol se ha ocultado y el viento empieza a soplar, en los ojos de ese pájaro que asomó hasta nuestro balcón y que luego no quería marchar, en cada espacio de la inmensa soledad donde dejaste tu huella, en los resquicios cada vez más abiertos de mi recuerdo.
En las mañanas, cuando despierto, cuando el efecto de las pastillas ha terminado y debo enfrentarme a la soledad de un nuevo día, sin tu latido, sin aquella voz que me canturreaba al oído que jamás se iría. Pero te fuiste.
¿No ves? ¿De verdad que si no ves?
En aquellas cartas tuyas, que releo una y otra vez intentando encontrar en cada letra un sentido diferente, en las viejas fotografías donde apareces sonriendo o muy seria, con aquellos inmensos ojos castaños que parecían dispuestos a tragarse el mundo de un solo bocado (solo te tragaste mi corazón).
¿No ves? ¿De verdad que si no ves?
En mi recuerdo, que con el tiempo se va convirtiendo en resignación. Y se convierte en una piedra dura que me solidifica en el corazón. En las lágrimas que se han secado y en aquellas otras que ya no tienen fuerzas para brotar. En tu recuerdo, que ya no estoy seguro si el el tuyo o una versión que me invento día a día para no olvidar.
"Olvida todo mi pequeño monstruo, ha sido todo un mal sueño".
Y el mundo vuelve a tornarse de un color especial.

lunes, 25 de febrero de 2019

Historia de una vagina

Y amaneció. El sol lamía el contorno de sus pies. Entonces se percató que era muy tarde.
Habías dormido no sé cuántas horas ¿tal vez nueve o diez?
Se estiró lenta, parsimoniosamente, como un gatito angora dispuesto a darse un baño de lengua.
Entonces se percató que estaba sola.
"¿Por qué no quiere dormir conmigo?", se preguntó. Los hombres que había conocido hacían prácticamente fila, por tener ese privilegio. Recordaba haber concedido ese placer a algunos cuántos, que luego desaparecieron.
"¿Por qué Joaquín era diferente?"
Rememoró por unos instantes la manera absurda como se conocieron. Ingresó por equivocación a una clase de economía. De esa mañana recordaba algunas frases sueltas y sus ojos, sobre todo sus ojos que parecían comerse el vacío con una mezcla de desazón y tristeza.
Se estiró a lo largo de su sábana. Su cama se le antojó inmensa y se sintió de pronto una enana, a pesar de tener las piernas muy largas, larguísimas.
"Largirucha", le decían en la escuela. Con el tiempo esas piernas flacas se volvieron torneadas y doradas y sus compañeros dejaron de burlarse de ella y comenzaron a invitarla a salir.
Fue mas o menos en esa época donde se le reveló el poder de su sexualidad turgente: un profesor en la escuela decidió aprobarla luego que le permitiera observar sus pechos por encima de su blusa durante unos segundos.
El mundo de los varones se le reveló a partir de ese momento predecible, eran como niños sencillos de manipular, a veces ni siquiera había necesidad de hacer algo, sino simplemente fingir como si "estuviera a punto de pasar algo" para obtener lo que deseaba.
Hasta el momento en que conoció a Joaquín.
Acababan de terminar una discusión. Ella a modo de reconciliación le propuso sexo intentando sentarse sobre sus piernas al tiempo que levantaba su vestido y colocaba su ropa interior a un lado.
Joaquín la deslizó entre sus piernas y la colocó suavemente sobre el asiento. Ella no podía creerlo.
"No", le dijo en voz muy baja, casi en un susurro. "Los hombres de verdad no se enamoran de una carita o de una vaginita bonita", le había dicho aquella tarde. "Debes encontrar aquello que te diferencie de las demás, que te haga feliz, única, irrepetible".
Entonces no lo entendiste. El fin de semana siguiente como para castigar la indiferencia de Joaquín te acostaste con un muchacho que conociste en una verbena de la universidad.
El sol volvió a lamer el contorno de tus pies. Debías levantarte. Pensaste que estaría haciendo Joaquín en ese preciso instante. Lo imaginaste durmiendo con uno de esos pijamas horrorosos -tan poco sexies- que solía usar y que te sacaban siempre una sonrisa piadosa. Sentiste nostalgia. Y sin darte cuenta lo comenzaste a extrañar.
"Lo odio", dijiste para tus adentros e imaginaste todas las posibilidades de castigarlo con otros cuerpos. Te levantaste y metiste a la regadera. El agua de la ducha caía en gruesas gotas tristes, que mojaban tu espalda, tus pechos, tu vagina, tus muslos, tus pies. Te calzaste y pusiste un vestido de marca (de ésos que te hacían sentir importante, sofisticada, deseada). Asomaste tu cabellera castaña por el resquicio del alfeizar. Luego giraste la manija de la puerta y te deslizaste con mucha agilidad hasta la calle. Pensaste en que quizá al día siguiente podrías detenerte a pensar en las palabras de Joaquín. "Hay tiempo, siempre hay tiempo", dijiste para tus adentros, como si recitaras en silencio el rosario. Después de todo, el día estaba tan soleado y se veían tan lindas las sandalias de marca que te acababas de comprar...