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domingo, 17 de febrero de 2019

Cuento de la Princesa y el Dragón

Ella era extraña,
Conversaba con el viento,
Le tenía miedo al tiempo,
Se peinaba en madrugada
Para recibir al sol
Daniel F

UNO
Había una vez una princesa
que vivía en su castillo
lo que pedía o quería
era cumplido de inmediato por sus súbditos
sin chistar
sin emitir un bufido, una queja
Pasó el tiempo y la princesa fue creciendo
el mundo se le hacía tan pequeño
tan al alcance de su mano
que se pronto comenzó a sentirse hostigada.
Entonces empezó a pensar en el dragón.
Se imaginaba cómo sería su vida si de pronto apareciera uno
Leía los cuentos de caballeros donde señoritos de brillante armadura
corrían al rescate de las princesas.
Las historias que leía estaban llenas de batallas épicas donde el caballero de brillante armadura terminaba derrotando al dragón.
Pero la princesa no pensaba en el caballero sino mas bien no dejaba de imaginar cómo sería ser rescatada por el dragón.

DOS
Había una vez un dragón
su armadura era lustrosa
sus fauces descomunales
sus ojos parecían dos luceros con el resplandor del mismo infierno
los habitantes de la comarca huían despavoridos cuando profería sus gritos
se creía que era un animal portentoso, temible.
Pero el dragón se sentía muy solo
en ocasiones le gustaba pensar que en algún lugar de mundo existía una princesa
que esperaba ser rescatada por un caballero de brillante armadura
Se recreaba pensando cómo sería el momento del encuentro
en la escena del caballero pretendiendo matar al dragón
y del dragón derrotando al caballero (imaginar esa escena le llenaba de júbilo)
Pensaba en el momento en que bajaría su largo cuello para invitar a la princesa a que lo rescate esdel castillo
Le seducía imaginar la sensación de la suavidad de los brazos de la princesa enrollados su cuello,
sus cabellos mojados, su respiración agitaba
el vestido de la princesa aleteando en el viento como una mariposa
y su risa en sus oídos, como si fuera el bramido de un barco, en el momento de la partida.

TRES
Había una vez una princesa y un dragón.

jueves, 26 de enero de 2012

Yo me corto, tú te cortas, nosotros nos cortamos

"Algunos fuman, otros beben y yo... me corto"
Boulevard of Broken Dreams.

Cuando lo leí no me impactó. Tampoco puedo decir que me provocó intentarlo. Cada quien que luche de la mejor manera con sus ángeles y demonios. Lo que si puedo decir es que sentí, repentinamente, un sentimiento de solidaridad que quizá pocos comprenderían. El mundo esta construido y pensado para un estándar de ser humano, los que no pertenecemos al mismo, somos excluidos de la manera menos compasiva posible. Y nuestra exclusión no admite ningún tipo de perdón o la esperanza de una futura redención. Por el contrario, dura una eternidad.
Hay muchas formas de ser diferente, pero hay una diferencia abismal en serlo y otra, reconocerlo o tolerarlo.
Dicen que Dios creo al hombre a su imagen y semejanza. Quizá desde el momento mismo de la creación está impregnada la idea de modelo, de calco. Adán no es por lo tanto una obra original, sino una copia mediocre de su predecesor.
He oído muchas veces que el hombre es un ser sociable por naturaleza. Pero conozco muchas personas que no son sociables (o no desean serlo todo el tiempo) y eso forma parte de su naturaleza intrínseca.
Recuerdo en alguna oportunidad haber escuchado a un familiar cercano referirse a la sociabilidad de un pequeño pariente mío como una virtud.
El que no foma parte de la manada es mirado con extrañeza, su conducta es no sólo reprobada sino castigada y motivo de escarnio.  Y sobre todo de preocupación por parte de los padres, que miran con tristeza y preocupación como su vástago no se integra en la telaraña social. El excluido es escondido como si fuera una suerte de bicho raro, como si padeciera de algún tipo de anomalía monstruosa para la vista humana. O peor aún, es forzado a "cambiar" su condición natural y torturado con talleres de integración, de clown, de oratoria o de sendas terapias con el psicólogo y el psicoanalista.
La discriminación no es sino una expresión del soterrado temor de los llamados "normales" hacia todo aquello que les parece desconocido. Ininteligible. Hacia cualquier espejo que no devuelva el reflejo de su propia imagen.
Yo me corto, tú te cortas, nosotros nos cortamos. En realidad, yo no me corto, ni fumo. Tampoco bebo, ni me drogo. No soy ni emo, ni hikikomori. Hay tantas expresiones de la individualidad que no entendemos y sin embargo reprochamos. Se juzga al diferente como si fuera una suerte de elemento que corrompe al rebaño. En el pasado se quemaba en la hoguera a quien no llevaba su vida de acuerdo al modo en que se supone debía llevarse. Hoy los métodos son más refinados: ya nos los queman, simplemente los quieren cambiar. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Sueño

Hoy tuve de  nuevo
ese sueño cuyo significado
no logro desentrañar.
Esa sensación de escapar
de algo que a pesar de mi voluntad
va ocupando cada uno de mis espacios
y que en cada ocasión
adopta una forma distinta
un león, un pájaro, un dragón
que me obliga a correr
a través de charcos hediondos
y pantanos malsanos.
He dormido nuevamente hasta muy tarde
a pesar de haberme acostado temprano
y me he levantado cansado
(casi sin aliento)
con las piernas agarrotadas
y la sensación de haber corrido
muchos kilómetros.
Al revisar mis zapatillas
noté las puntas manchadas de barro.

martes, 22 de noviembre de 2011

Dragones

"A Vik Lovell, que, después de haberme dicho que los dragones no existían, me condujo a su guarida"
Me ha encantado esta dedicatoria. La he leído no hace mucho en un post. Pertenece a una novela que leí hace bastante tiempo. Se llamaba One Flew Over the Cuckoo's Nest (traducido quiere decir algo así como "Uno voló sobre el nido del cuco".
A veces quisiera que alguien me hiciera creer una cosa distinta a lo que mi entendimiento me grita. Me siento cansado de ser uno de los pocos que seguimos pensando que los dragones existen. Me gustaría encontrarme con un ser humano que me hiciera considerar lo contrario. Y quizá, sólo quizá, me condujera su cueva.