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lunes, 4 de abril de 2011

...

END.
Supongo que es como esas peliculas que no quieres que terminen, pero que conoces el resultado de antemano.

Uno quisiera ser el heroe, el amante, el amigo, pero a veces no terminas siendo ninguna de esas cosas.

Apenas un simple extra que se engalana con sus cinco minutos de fama: una aparición, un par de palabras predeterminadas en sus líneas.

Un recuerdo. Nada.

Hay películas que te gustaría escribir. Otras te gustaría anticiparte al final. Otras jamás deberían ser filmadas.

Pero también estan las otras, las del otro tipo, las que hacen volar tu imaginación a raudales, las que le dan sentido a tu vida tan solo por esa "posibilidad" que encierran. Las que determinan que lo cotidiano se transforme en algo mágico. Las que te hacen soñar, levantarte mas temprano, hacer cosas que antes pensabas no eras capaza de hacer o dar, las que de pronto -sin que te des cuenta- te transforman en alguien distinto y mejor en todos los sentidos.

Esas son las películas que no deberían tener final.

Conclusión: una película no debería terminar en tanto te permita seguir soñando sobre un final que desconoces, pero ansías.

Quizá por eso cada vez voy menos al cine.

lunes, 25 de octubre de 2010

Hoy me acorde de ti, Benedetti

TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Chao número X

Le dijo chao
ya perdió el número
no se si fue el cuatro, el número 3 (cual Benedetti)
o quizá uno posterior
e irremediable
En todo caso lo llamaremos
el número X.
Pero le dijo chao
La miró a los ojos de frente
esos ojos mezcla de gato y venado
(nunca supo que más)
y pronunció una sentencia que ambos desde ya conocían.
No la dictó ningún Juez
no hubo necesidad de actos de apertura
ni de instrucción
ni de nada que se le parezca
se respetaron las garantías del debido proceso
las partes tuvieron su oportunidad de exponer sus argumentos
no hubo confrontación de pruebas
apenas un simple careo que duró cosa de cinco minutos
tampoco se llegó a conciliación
mucho menos desistimiento
o cualquier forma atípica de conclusión del procedimiento.
Nadie impugnó el mandato que se dictó
quizá si alguno lo quizo, eso nunca se sabrá
no se ha presentó ni un recurso de apelación o nulidad hasta la fecha
los plazos eran perentorios, no importa acá la verdad material
no existe verdad material para la realidad, quizá sí para los sentimientos
simplemente se dictó una sentencia que las partes aceptaron
con la cabeza gacha.
Y parecía una escena pintada
de la novela El Proceso de Kafka:
de pronto el Guardían que custodió esa puerta durante tanto tiempo
esa puerta por la que ambos intentaron en vano pasar
por la que aguardaron hasta perder finalmente la esperanza
(y volverla a ganar tantas veces, tantas, honey)
les fue cerrando en las narices mientras con voz atronadora
les respondía a la pregunta lanzada de por qué nadie más intentó cruzar por ella:

"Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ustedes.
Ahora voy a cerrarla"

martes, 24 de agosto de 2010

Mario...

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

viernes, 16 de julio de 2010

Chao numero cuatro

- ¿Entonces te dijo chao por un tiempo? -pregunté.
- Si -contestó.
- ¿Y tú que respondiste?
- ¿Qué crees que respondí? -contestó, mirándome como si su pregunta aparejara una respuesta evidente. Que estaba de acuerdo, claro.
- ¿Y lo estas?
- No.
- ¿Entonces por qué le dijiste eso?
- ...
Me quedé mucho tiempo pensando en la conversación que sostuviera con X. Repasé con sumo cuidado cada uno de los argumentos que me esgrimió aquel día, tanto a favor como en contra de la posibilidad de verla, de seguir pasando el tiempo a su lado. Me parecía algo absurdo que dos personas que se atraían mutuamente y gustaban del tiempo juntos (de manera confesada y explícita) se vieran en la necesidad de "cortar por lo sano" su incipiente (o avanzada) amistad por el solo hecho de evitar sentirse confundidos.
Me parecía absurdo también que durante todo este tiempo hubieran tenido la necesidad de andar escondiéndose, como si fueran una suerte de criminales en busca de la redención, a espaldas de sí mismos, de los demás, del mundo entero: una suerte de castos amantes que se encierran en una habitación y pasan la noche en vela a los pies de la cama y sin tocarse. Todo era sencillamente ridículo. Pero más ridícula aún era la decisión a la que finalmente habían llegado luego de una conversación que comenzó entre risas y culminó muy seria.
¿Por qué la necesidad de ese ridículo chao, te veo luego, pero te veo después de otra manera? ¿Serían a partir de entonces los mismos, pero algo distintos? ¿Algo cambiaría? Y si nada cambiara ¿habría necesidad de un chao numero 2, un chao número 3 (como el de Mario) hasta llegar a un chao número 4? ¿Qué otros aspectos pueden restringirse dos personas que gustan de estar juntas? Digamos, en suma, descartando lo espectacular del contacto humano ¿da lo mismo verse en persona que hacerlo por Internet, por MSN, por el facebook o el twitter (que por cierto ninguno de los dos tenía ni hasta la fecha había aprendido a usar)?
Definitivamente había algo en todo ello que no acababa de comprender bien.
Pensé un poco en lo que X me había confiado en estos últimos días: la manera como se habían acercado, luego descubierto (a veces no hay orden preestablecido para ciertas cosas), la manera como habían aprendido a reírse de sí mismos, a reírse juntos, a reírse de los demás y después a mofarse el uno del otro. Una mañana vino agitado y me confesó como una revelación que hacia mucho no reía tanto y de verdad. Se notaba sinceramente feliz.
Intenté darle mas vueltas al detalle de mi última conversación con X. Recreé cada momento de sus palabras, como procurando buscar un significado oculto, un mensaje cifrado entre líneas que me ayudara a comprender la situación por la que pasaba.
- ¿Entonces te dijo chao por un tiempo? -pregunté.
- Si. -contestó.
Cerré los ojos y casi pude verla. Nunca mujer alguna me pareció tan pequeña: quizá por la fragilidad que transmitía, tal vez por el ligero temblor de sus manos o por la inmensidad que transmitían sus ojos asustados. Esta además nerviosa, quizá algo incomoda, como entre azorada y expectante.
De los dos, ella fue más valiente. Optó por hacerle frente a la situación. Él simplemente procuró ocultarse tras sus palabras, tras el lunar al lado de su boca. Fue mas sencillo oír primero y aceptar luego. Acatar en vez de intentar protestar. Decir por supuesto en vez de buscar alguna alternativa. Su silencio hizo el papel de cómplice pero a la vez de estúpido cobarde que se oculta tras las faldas de su abuela.
¿Acaso no hubiera sido más sencillo decir lo que pasaba por su cabeza que asumir ese papel de sorprendido, de alguien que recién se percata de una determinada situación aunque la ha tenido todo este tiempo frente a sus narices? ¿No hubiera sido mas sencillo decirle "Me gustas, ignoro aún la magnitud. Sólo se que me gustas. Comprendo tu decisión. Me gustas. No quiero -no me gustaría- perderte. Me gustas. Es agradable pasar el tiempo a tu lado. Me gustas. Parece como si te conociera de tiempo. Me gustas. Cómo me miran tus ojos inmensos. Me gustas. Cómo me siento contigo. Me gustas. Estuvo sabroso el postre que comimos. Me gustas. Deberíamos comer esa sopa mas seguido. Me gustas. No quiero crearte problemas, aunque creo que yo ya los tengo. Me gustas. Quizá te genere más confusión pero me gustaría más decirte 'hola' en lugar que decirte 'adiós'. Me gustas. Me gustaría no tener que dejar de verte y que no tuviera nada de malo el pensar en ello. De verdad que me gustas".
Abrí los ojos. Los vi sentados ambos. Ridículamente uno a lado del otro. Procurando articular un discurso que ninguno de los dos terminó de digerir. Intercambiando miradas de entendimiento. Diciéndose a cada momento "comprendo" como si de verdad hubiera algo que comprender. Los vi luego fundirse por un instante en un torpe abrazo ¿de despedida?. La vi cerrar la puerta ¿cuál puerta? A él bajar las escaleras ¿qué escaleras?. Lo vi intentando mirar algo desde la calle. La vi apagando las luces, de la cocina, de la sala, de su habitación. Los vi desnudarse, cada uno por su lado. Los vi mientras se acostaban. Los vi conciliar el sueño y soñar luego un sueño compartido y sin complicaciones.