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viernes, 5 de octubre de 2012

Diario de Raquel (1)


Siento que vienen, tus pies chiquititos
cariño bonito, por dónde andarás.

Pretender mantener un poco de cordura me esta llevando a la sin razón y el olvido. Estoy exhausta de buscar fantasmas bajo las faldas de mi cama, en el ropero, en los cajones de mis pulmones, pero por sobre todo en mi corazón. Llevo muchos años sin contacto físico. He perdido la cuenta de los días en que me acuesto a su lado y me duermo al compás de su respiración agitada. Buenos días amor, es lo último que oigo y lo primero en la mañana, cuando despierta. He aprendido a aceptar sus explicaciones sobre nuestra relación y comprender que hay más de una manera de trascender a lo físico. Es gracioso. Lo mismo decía Eisntein en relación al espacio y el tiempo. No le creían, el tiempo le dio la razón. Mis relaciones anteriores se caracterizaron por ser del todo opuestas, es decir mantener una alta dosis de sensualidad. No obstante he aprendido a decirme (¿convencerme?) que esos días quedaron atrás. Que he cambiado. A veces me encierro en el baño y me toco el sexo con prisa, con la luz apagada, mientras ruido del grifo llena de agua la bañera. Un instante liberador que de inmediato me lleva a una nueva forma de olvido. Y de culpa. Luego, buenos días amor, otra vez: la nostalgia. Soy una viuda feliz, que le da un beso en la boca al cadáver que ha de ser enterrado. Me he acostumbrado también a sus mutismos, a sus claros y oscuros, a su forma lacónica de expresarme cariño, a adivinar su estado de ánimo según el movimiento de sus cejas. He aprendido a odiar los domingos, pero en contrapartida  a amar sus madrugadas interminables, como si su mero sonambulismo pudiera retrasar el inicio del siguiente día. He tenido que lidiar con su gata, con la que cada noche peleo por su atención, por una caricia, por un espacio privilegiado en la cama. He disculpado sus olvidos garrafales (mi cumpleaños, nuestro aniversario), sus manías absurdas que me llevan al límite. Hoy por ejemplo me llamó por teléfono al trabajo y me dijo que había adquirido unas entradas para el teatro. Detesto esas obras filosóficas en las que debo mantenerme atenta como si su contenido me interesara, procurando no quedando dormida. Detesto aún más, tener que comentar su contenido durante el tiempo que hacemos del teatro a la casa, intentando parecerle interesada, como una aplicada estudiante reflexiva. Si la noche es propicia quizá un caricia, si llega a más, tal vez un beso. Luego, buenos días amor otra vez y otra vez mi delirio que sigue girando.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lindo


Hoy quiero sentirme inmenso
otra vez importante.
He salido a correr hasta casi reventar mis pulmones
me he afeitado con detenimiento
como hace mucho no lo hacía.
Me expurgado el cuerpo con una minuciosidad
casi religiosa
casi femenina.
He cogido esas ropas nuevas
que guardaba en mi cajón de los altos
me he calzado con mis botas
mi bufanda
mi jersey.
He cogido aquél libro del estante.
De pronto me he observado en el espejo:
con mi mirada asustada y mi cabello de loco
y me he sentido lindo, lindo, lindo.
Luego he salido a enfrentar el mundo.
Mi pasos avanzan solos
seguros.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Diario de un perro azul (XXII)


Debías darte por enterado.
Notificado. Con cargo de recepción o silencio administrativo negativo, en un sentido diferente al jurídico.
Negativo para tu corazón, para tus expectativas, para aquello que considerabas "legítimo". Para lo "esperable", si querías hablar en términos económicos.
Deberías sentarte y reflexionar qué es lo que razonablemente esperaría un sujeto promedio en tu lugar.
"Recuerda que alguien que te hace sentir mal, no vale la pena", te dijo en una carta.
Debías reflexionar cuánto de cierto había en esa frase. Quizá establecer una ponderación, aún cuando te enfrentaras al problema de determinar qué es posible ponderar y que no.
Deberías estar cansado de revisar cada 20 minutos tu ordenador, de buscar de una respiración, de procurar un latido.
De nada te servían esas largas noches encerrado en la soledad de tu habitación. Vivías como un ermitaño, como un preso a voluntad, esperando a que alguien te abra la ventana para darte por enterado que el sol existe. Y la luna. Y las estrellas.
 Tenías que tomar fuerzas. Estirar el brazo por ti mismo. Descorrer aquella persiana. Bañarte en ese rayo purísimo de luz. En ese sol, en esa luna, en esa estrella.
Nunca más volverías a sentirte solo. Nunca más. Nunca.
Nadie podría acusarte de no haber luchado. Hasta la necedad. Hasta el olvido.
Hay batallas que no se pueden ganar solo. Existen victorias que no pueden ser de uno, sino de dos.
Uno no debe sentarse a esperar un tren que sabes de antemano, por ese destino, nunca llega.

lunes, 4 de abril de 2011

Diario de un perro azul (XXI)

En alguna ocasión vi una película que trataba sobre una maquina del tiempo. Los personajes, en esa película, tenían la increíble facultad de transportarse a través de múltiples dimensiones y alterar la realidad, corrigiendo los errores en el pasado. O al menos eso era lo que intentaban, pues un cambio mínimo en el pasado traía consecuencias desastrosas -incluso peores- en el futuro. La moraleja era quizá, dejar las cosas como están. Si permanecen de una determinada manera es porque esta es la mejor manera en la que pueden estar.

De niño me gustaba mucho jugar a que poseía el poder de esa máquina. La llamaba la máquina del tiempo y me servía para resolver problemas cotidianos. Todavía no había caído en la cuenta que la "solución" es muchas veces -o en casi todas- peor que el problema. Las cosas siempre pasan por algo, sentencia siempre mi madre y sin embargo a veces todavía persisto con esa maldita manía de añorar que las cosas pudieron haber sido distintas y no "por algo". En ocasiones me gusta acostarme en mi cama, con las luces apagadas y pensar cómo sería el mundo si hubiera hecho tal o cual cosa. O si hubiera realizado precisamente lo contrario a lo que hice. O si no hubiera hecho nada.

Algunas personas dicen que suelo pensar mucho las cosas. "Lo pasado, pisado", señalan. Yo comparto esa idea a regañadientes porque no me queda otra opción y porque en ocasiones concuerdo que así efectivamente debe ser. Es preferible dejar descansar a los muertos. Los vivos ya tenemos suficientes problemas como para resucitar recuerdos que deben ya estar enterrados. No obstante el tiempo y alguna que otra cana me ha enseñado que algunos eventos en la vida se repiten de maneras bastante similares. Hay uno en particular que me atosiga y es la posibilidad de elegir entre una vida bastante conocida o arriesgarme al vacío de la incertidumbre donde las variables son infinitas.

Algunas pocas veces me he enfrentado a esa posibilidad, a ese escaparate que me muestra cómo podría ser mi vida de acá a algunos años. Lo complicado es ir tras el sueño. Porque ir tras éste implica la certeza y la posibilidad latente del error, de que éste no se concrete de la manera cómo lo imaginaste. No hay dos caminos sino múltiples. cada uno con sus particularidades, con sus senderos sinuosos y abismos peligrosos que invitan al vacío. En cada uno ganamos la posibilidad de obtener el sueño, pero también dejamos abierta la eventualidad del fracaso.

¿Quién se anima a correr el riesgo?

A veces me gustaría tener una de esas bolas de cristal que me permitiera ver el futuro.

Cuando era mas joven -no es que me sienta viejo pero en alguna ocasión tuve menos edad que la que tengo ahora- sentía que el paso del tiempo no tenía importancia. Elegir no era una cuestión muy razonada sino mas bien basada en la intuición, el deseo, el azar, la vida misma.

Soy consciente que cada vez que me paro frente a ese escaparate -como en la imagen- que tanto me gusta observar, puedo visualizar una probabilidad: la posibilidad de ser feliz al lado de una mujer magnífica que me adore y por quien yo muera, de tener esa pequeña de ojos inmensos que en ocasiones me visita en mis sueños.

Soy consciente también que ese escaparate es solo una probabilidad de cómo podría ser mi vida de acá a algunos años.

Hoy por la noche entré a la capilla de la Universidad. No suelo ser un asiduo creyente, pero como dije previamente, necesitaba de un amigo y Dios es la manera mas cercana de amistad que conozco. De lo contrario me sentiría completamente solo en este mundo. Si es que no lo estoy ya.

Le pedí sabiduría para saber escoger las elecciones correctas. Pedí también sabiduría para aquellas otras personas que están -quizá- detrás del escaparate, no como meros observadores, sino como partícipes latentes y expectantes. Uno tiene la posibilidad de escoger, pero al escoger tiene que ser también escogido. No existe en este aspecto ningún acto mágico unilateral.

Un civilista diría que una situación como la descrita no es otra cosa sino una compleja relación sinalagmática. Yo, en términos más simples prefiero decir que una decisión lleva aparejada otra similar, cada una con sus temores y sus riesgos intrínsecos, pero que se necesita dos para hacer que la imagen que refleja ese escaparate deje de ser mera posibilidad y empiece a tornarse real.

No se puede construir un castillo de arena e intentar protegerlo con tan solo una mano.

Son casi las 12:00. Se me ha quitado el hambre. No he almorzado y probablemente no cene. Supongo que estas cosas son comunes cuando estas en esos días.

Me gustaría llegar a la casa y pensar en que no llegará un nuevo día, en que debo pensar en esto una y otra vez, sucesivamente.

Pero sé que no podrá ser de otra manera. De modo que carece de objeto permanecer mas tiempo sentado frente al ordenador. Me espera el vacío de mi habitación, la resonancia ensordecedora de mis pensamientos y un nuevo día. Eso sí. Me espera siempre la posibilidad de un nuevo día.

domingo, 3 de abril de 2011

Diario de un perro azul (XX)

He llegado finalmente al numero XX de este post.
Numero infinitamente sospechoso como diría Martín Adán: un pato seguido de un huevo.
Veinte post atrás escribí el primero de los diarios de este perro azul.
Releyendo lo antes escrito llego a la constatación que los fantasmas que atormentaban a este lastimero animal siguen siendo los mismos.
No es posible llegar al post numero XX sin que ello implique una reflexión, aun cuando esta sea breve, sobre lo antes escrito, sobre que motivo a que naciera un animal azul, que haciéndose pasar por escritor se animara a decir soy perro y escribo un diario de color azul.
La razón del color azul en mi vida la he explicado ya en alguna ocasión. El azul simboliza aquello de lo que intento no hablar en este blog, esconde las miserias humanas mas recónditas ocultas en el corazón de este can.
El blog de un perro azul es un grito de libertad.
Cuando comencé a escribir este blog pensé que no pasaría de cinco a lo sumo seis.
Era una suerte de expiación que tenia luego de cada debacle sentimental en mi vida. Las causas que al inicio podía agrupar por su similitud, han ido variando con el tiempo hasta convertirse en algo completamente distinto.
Al principio, los primeros escritos reflejaban una necesidad de pertenencia. Como cualquier animal que se siente sin dueño, los primeros ladridos que encontraron forma en este blog, reclamaban un dueño, alguien a quien mover la cola las tardes de los sábados, con quien dar un paseo al parque o ver una película de Capra los domingos por la noche.
Con el correr de los días los post fueron cambiando hasta convertirse en lo que hoy son: un grito irreconciliable con la confusión, con la decepción, con la sorpresa y por que no, aun, un reclamo de esperanza.
¿Tendrán todos los escritos un hilo conductor que secretamente los una?
Este blog se ha convertido en un aullido, en un quejido de perro al que se le pisa la cola y reprime la mordida. Y no me gusta.
Esta muy lejano a lo que solía ser yo (en otros tiempos).
"Ojala nunca te lo hagan a ti" me dijeron un día
"El día que te lo hagan sabrás lo feo que es".
Desearía tantas cosas en este momento, pero sobre todo desearía no haber tomado tantas decisiones equivocadas en mi vida. Algunas ya sin retorno, la mayor parte de ellas irremediablemente perdidas.
Soy un perro azul que alguna vez intento ser de un color distinto y se negó la oportunidad a si mismo.
No puedo retroceder el pasado, pero puedo procurar tener un presente que no sea tributario de aquel. No puedo pedir perdón a personas que jamas me perdonaran (algunas ni siquiera están ya para hacerlo).
Hoy me siento como en aquellos días:
Sin norte, sin esperanzas, sin decisión. Perdido. Terriblemente perdido.
Lo único que me alumbra es tu recuerdo y la necesidad de volverte a encontrar en ese sueño donde mi miras con esos ojos inmensos que parecen tragarse toda mi esperanza. Again. Por siempre, again.

lunes, 28 de marzo de 2011

Diario de un perro azul (XIX)

Hace mucho que deje de escribir en este diario y hoy lo retomo.
Quizá porque han pasado cosas muy rápidas en mi vida y no he tenido tiempo de sentarme a reflexionar sobre ellas.
Quizá porque andaba ocupado en otros asuntos. Quizá porque me he vuelto un ocioso en términos artísticos.
Quizá por tantas cosas que no quiero explicar.
A veces siento que las riendas de mi existencia se me han ido de las manos.
En el pasado había ocasiones en que tenia la certeza -casi- de lo que quería.
Hoy todo se ha vuelto gris, casi relativo.
Había en ese entonces una sola cosa en mi mente. Mi tarea era encontrar quien perfilara mi mente de la mejor manera. Encontrar el arte era mi necesidad, mi tarea.
Con el tiempo se convirtió en mi perdición, en mi caída.
...
...
Cuestione durante mucho tiempo su necesidad, luego que la vida me enseño a golpes que detrás del arte se esconde muchas veces el rostro obtuso de la maldad.
Mi aislamiento y soledad impenetrable son un rezago de esos días.
...
...
Ha pasado mucho tiempo de ello. He navegado en aguas profundas y mares tempestuosos. He llorado y he reído. He soñado. Eso si, sobre todo he soñado.
...
...
En ocasiones extraño esos tiempos en los que la vida era un sueño. La vida era el sueño. Uno podía pasarse el tiempo soñando. No había mas que la vida y el sueño.
...
...
He pensado mucho si uno debe renunciar a sus sueños por una dosis de realidad.
...
...
He pensado si esa dosis de realidad no es sino otra cosa que un sueño vuelto a soñar, pero de otra manera.
...
...
Soy una persona simple, me gusta estar solo, las películas en blanco y negro, adoro a Cortazar a Nabokov y a Maupassant. Tengo alguna que otra manía. Me gustaría tener una gata tricolor. A veces se me salen las lagrimas cuando leo "Veintiséis y una". Tiendo a deprimirme cuando recuerdo eventos tristes. Imagino que nada de eso me hace excepcional.
...
...
A veces me siento frente al ordenador y escribo. Como tantos miles de personas como yo lo hacen en diversos formatos y medios. Tampoco ello me distingue de los demas.
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Cuando era pequeño tenia mas clara la diferencia. A veces me gustaba recostarme en el manubrio de mi bicicleta y mirar a los lejos esas bandadas de jóvenes que salían de la escuela y mas adelante de la universidad o la iglesia. En ocasiones los observaba con envidia (sentirse parte de un grupo era en estas ocasiones una necesidad). En otras me invadía una cierta dosis de superioridad. Mi aislamiento era casi una notoriedad.
...
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Sentí la diferencia el día que me senté frente a una hoja de papel y escribí mi primera historia. Esa noche descubrí que mi vida tenia un sentido.
...
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Conozco mucha gente cuya vida no tiene sentido. Tener sentido no quiere decir ser unico. Tampoco ser exclusivo. Es simplemente encontrar aquello que te define como un ser propio y a la vez ajeno a los demás. Si tuviera que pedir que me recuerden por algo seria por todas aquellas cosas que he escrito. Si tuviera que dejar una herencia seria esa. Si tuviera que profesar amor a alguna persona seria de esa manera.
...
...
Las mujeres por lo general han amado lo que he escrito. Luego me han querido. Por lo general ese orden se ha mantenido inalterable salvo alguna que otra excepción tortuosa. Y han amado lo que hago aun a guisa de no entender ni un ápice sobre ello. Hay algo de belleza y de sublime en no entender lo que dices amar o amara mas allá del entendimiento.
...
...
El tiempo -y quizá también alguna que otra lectura de Borges- me ha enseñado lo peligroso que pueden ser los espejos. He aprendido a dejar de buscar verme reflejado en alguien mas de idéntica manera como me vería frente al espejo. Un espejo puesto frente a otro refleja la monstruosidad de sus mutaciones: las imágenes son infinitas.
...
...
A veces quisiera alguien a quien pintar. A veces me gustaría ser el lienzo en blanco de alguien que se animara a perfilar unos tenues trazos que definan el comienzo de una historia. Como en esos cuentos que se les lee a los mas pequeños y que comienza con un "Había una vez...".
...
...
A veces me gustaría dejar de tener ese sueño recurrente en el que despierto y ya no estas (again).

lunes, 8 de noviembre de 2010

Diario de un perro azul (XVIII)

Crac - sonó.
La vio y algo se rompió en su pecho.
Quizo juntar sus pedazos
hacerlos encajar unos con otros:
fue en vano todo intento.
Algo se había quebrado y no sabia que.
Esos ojos que esperó ver con tanta ansiedad
cuyo secreto hurgó tantas veces conocer
ahora parecían estar vacíos y no decirle nada.
Había pensado tantas veces en ella
la había imaginado de tantas maneras distintas
había pensado en lo que le diría
y lo que ella le contestaría
en el movimiento de las piezas una tras otra
en su parpadeo, en quizá una sonrisa.
Había imaginado todo tantas veces
casi de manera matemática
como un juego de ajedrez
adivinando y preparando cada jugada.
Pero cuando la vio no pensó en nada de eso
solo pensó en lo mucho que había esperado
en lo cansado que estaba como consecuencia de ello.
Guardó sus piezas. Cerró el tablero.
Se marchó.

domingo, 24 de octubre de 2010

Diario de un perro azul (XVII)

Tengo ganas
de decir hola
luego de pronunciar
una sutil despedida
tengo ganas
de volver
a oír esa melodía
de sentir
tu sonrisa
tus besuqueos
tan a la par
de tus desvaneos
tengo ganas
de cada contradicción tuya
y también mía
de juntar tus errores
y los míos.
De sentir tus latidos
de recordar
que llevo un corazón en el pecho.

sábado, 16 de octubre de 2010

Diario de un perro azul (XVI)

Cuidado:
ando sin corazón en el pecho
me he vuelto
peligroso y radiactivo
no me hago responsable
de daños o perjuicios.
Tengo un hueco
en el pecho
que quiero llenar
quizá con tu sangre.
Peligro:
este perro azul
esta presto a morder
la mano que se deposite
en la brevedad de su pelo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Diario de un perro azul (XV)

Me encuentro en esos días
de cambios que sin embargo quisieras
que permanezcan idénticos, inamovibles a diario
everyday
y sin embargo soy consciente que me preparo
para cambios en mi vida.
Cambios como tu presencia
que ahora de pronto deja de ser esa presencia
para convertirse en algo cotidiano
como esas personas que pasan a diario
y las ves y no no las miras.
Lo malo de todo esto es que yo no te miro
pero te quiero ver
yet.
...
...
Repito
estoy en día de cambios
mudando de piel
intentando adaptarme a una distinta
quizá más dura o algo más escamosa que me permita sentirme protegido
(cómo envidio a las tortugas en momentos como éstos).
...
...
Pero lo cierto es que quiera o no ya estoy en esos días
y tú también lo estas
tú por tu lado
y yo por el mío
cada uno cogiendo un camino distinto.
Tú, lógico, el tuyo.
Yo, ilógico, el mío.
Tú aferrándote a tu seguridad
yo a mi sentido benefactor humano.
Ambos cambiando al unísono
por propia decisión
quizá también por algo de cobardía -por qué no decirlo
quizá renunciando a una felicidad ilusoria
pero renunciando al fin y al cabo.
¿Sabes que me preguntaba cuando te ví aquél día?
¿Y si ella es?
Y una vez más intentaba decifrar el misterio de las astillas
de calles hundidas
(mucho Daniel F)
en tu mirada, en tus pupilas
que parecían contener mi esperanza y la tuya.
¿Será ella? -pensaba.
Y mientras pensaba eso, iba pensando a su vez que quizá, tan sólo quizá
también tú pensarías
¿Será él?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Diario de un perro azul (XIII)

Hoy he sentido mi cama más espaciosa y grande que nunca
...
..
solitaria
...
...
solitaria.
No sentí frío, solo la sensación de aunsencia, de una pequeña pieza que permitiese continuar con el movimiento del engranaje en que se ha convertido mi corazón.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Diario de un perro azul (XII)

No puedo escribir bien
ni pensar con claridad
Me han prohibido el café pero de algo tiene que morir el ser humano.
Llevo puestas tus medias polar que me obsequiaras, abrigan mis pies, también mi corazón y mi alma. Ternura sería la palabra.
Repito, tengo la fime convicciónde bucarte. La sola idea me hace senri radiante. Yo vuelvo. De verdad que vuelvo. Yo sabré llegar,
en su momento oportuno o no.
Los párpados se me cierran, me voy a dormir. Soñaré quizá con un a granja de patos de picos pintados corriendo tras de mi.

lunes, 30 de agosto de 2010

Diario de un perro azul (X)

Son las 4:30 de la madrugada. He dormido bien hoy, solo me acosté a las 8 de la noche.
Hoy se acabaron las pastillas, imagino que debí se previsor y comprar una tonelada de ellas pues de pronto de agolpan en mi mente una serie de recuerdos que hasta ayer pasaban como desapercibidos, no por ser poco importantes, simplemente como quien no quiere la cosa
Mi mente vuela a mil, mi cabeza no puede seguirla.
Ahora ansío ese viaje a España (y quizá a París) mas que nunca, pues es una forma de escapara de ti (aunque para ser sincero ansío tambien mandar todo a la mierda y quedarme).
Seguro habrá mucho pato pecoso por allá pero difícilmente uno que se te parezca (¿recuerdas que te decía que tenías un olor especial?). Yo también lo tengo, somo dos olores especiales que se encuentran y se entercan por andar flotando en el ambiente por rumbos distintos, quizá a la casa de una quimera que en realidad no existe o existe y no queremos visualizar.
Yo solamente me siento sobre una piedrita -como en la canción- y espero, aunque la espera como en la canción esa que cantan los niños, de verdad desespera.
Pienso pues que estas en una especie de time out, Ulises de fue de Itaca y tu te ha ido de aquí. No se que aventuras te aguardan, pero que se que gallinif y yo te aguardamos a aquí.
Al menos si no gallinif, quizá yo.

domingo, 29 de agosto de 2010

Diario de un perro azul IX)

Estoy en una etapa de mi vida en que me cuesta mucho escribir mi mente ordena algo a mis manos y estas
tercas, como si tuvieras voluntad propias, se empecinan en escribir lo contrario.
Hoy le hable a la señora C0. de ti.
Le hable que se me antojabas una cosa seria y me dijo "hijo lo que es es y lo que pase finalmente pasará"
Quisiera creer que es así.
Mi madre por otro lado, anda un poco mas reacia, como quien no quiere la cosa, como quien desconfía, como quien ha tenido el corazón roto tantas veces y no quiere, arriesgarlo a quebrarlo una vez mas.
Yo por mi parte voy cargado de sueños, de mis cicatrices ahora mas vivas que nunca, de las llagas que comienzan a aflorar de mi cuerpo, repleto de barbitúricos y alciolíticos, que me quitan la capacidad de sentir, pero de no amar.
(hay una graciosa diferencia en ello).
Y estoy aquí, luchando con este fucking teclado, intentanto robarle la imaginación al sueño, que por momentos hace que mis ojos se cierren, pensando en donde andarás, en que cirscunstancias te encontraras. Si lo abrazaras o te abrazará, si pensarás por un instante
(porque cuanto valen esos instantes bien lo sabemos)
en mi.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Diario de un perro azul (VI)

Por esas miradas veladas
por esa pequeña mano que todavía se esconde
y se encuentra luego -en secreto- con la mía:
gracias.
Por esa sonrisa
que me traspasa
por tu existencia
que me ilumina
y me hace lucir sonriente -radiante-
que parece acoplarse de manera espontánea a la mía:
gracias.
Por tu compañía
que casi sin proponérselo
va consiguiendo día a día
remediar la holgura en la que conviven mi soledad y mis pensamientos:
gracias.
Por esas noches en vela
por tus párpados que se entrecierran
por las horas perdidas (o ganadas)
repletas de promesas, sueños rotos, encuentros y desencuentros:
gracias.
Por las promesas aún no cumplidas
por cada una de esas estrellas
por esa fotografía que pertenece a un tiempo distintoy no obstante siento mía
por cada una de esas botellas jamas lanzadas al mar:
gracias.
Por tu determinación incipiente
por cada una de tus dudas
por tus avances y retrocesos
por las cosas que das y después quitas
por esa sonrisa que regalas
y se extravía luego en la extensión de tu boca:
gracias.
Por esas cosas tuyas tan tuyas
y a veces tan mías
por atreverte a lanzarte al vacío
sabiendo que es complicado aprender a volar
con tu edad y mis años:
gracias.
Por taparle la boca a la cordura
por concederle una audiencia a tu corazón
por permitirle expresar su alegato
por convertirte en juez y no parte:
por emtir una sentencia y no veredicto:
gracias.
Por recordarme que a pesar mío
todavía existo.

martes, 17 de agosto de 2010

Diario de un perro azul (V)

¿Quieres ser mi gato? -preguntó.
Decidir serlo, no es cosa sencilla. Implica determinación, pero también deseo de asumir y hacer frente a las consecuencias involucradas.
No es tan simple como enrollarse por las mañanas, juguetear con un ovillo de lana o lanzarse raudo frente a la presencia de una pelota de trapo o un ratón.
Hay algo de sometimiento velado oculto tras las bambalinas de su libertad ilusoria.
En ocasiones oí decir que a diferencia del perro, el gato no se domestica, te domestica a ti. Hay una especie de doble domesticación involucrada en el contrato que se suscribe entre el ser humano y el gato, un sometimiento mutuo que escapa de cualquier convencionalismo.
Sin eliges ser mi gato no deberás pensar mucho en los detalles de tu nuevo status (los gatos no piensan). Simplemente deberás mírame de lleno a diario, con tus ojos almendrados e inmensos, arquear la cola de vez en cuando, curvar la espalda y emitir un ronroneo que asemeje un mugido cuando la timidez de mi mano se pierda en la brevedad de tu pelo.
Luego deberás abrir el hocico, lentamente, como quien se apresta morder y no se decide a ello. Deberás decir "miau" cuando sientas la necesidad de mi compañía (quizá diga lo mismo cuando perciba la necesidad de la tuya).
Por las noches dormirás recostado sobre la calidez de mi ordenador mientras escribo. Y soñarás un sueño en el que consigo conciliar el sueño y te sueño a su vez en un sueño distinto y sin complicaciones.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Diario de un perro azul (IV)

Hoy es uno de esos días...

lunes, 2 de agosto de 2010

Diario de un perro azul (II)

Desperté horas después. Probablemente soñé una historia en la que tú y o fungíamos de personajes secundarios, como parte de un guión escrito sin imaginación y gracia, sin puntos y comas, suspensivos, finales o apartes que dificulten su lectura y la envilezcan aún más.
Una historia que ya fue escrita y cuyo desenlace no existe aún para mi.

Diario de un perro azul (I)

Debo ser sincero, no fue un día como cualquiera.
Fue un día de abrazos y de canciones dando vueltas en mi mente. Un día de expectativas y promesas lanzadas por la imaginación al viento, como cuando juegas en la ruleta o ingresas tu dinero en la bolsa. Uno de esos días en que confías en las probabilidades, en el azar, en la conjunción adecuada de los planetas, en el comportamiento de los peces, en el movimiento de las olas del mar.
Ayer te odié un poco, debo decirlo. Te odie mientras dormitabas frente al televisor, por estar allí dormitando tan tranquilamente mientras yo no podía pegar los párpados. "¿Dormiste también?", me preguntaste luego que despertaste. "Sí", mentí e intenté esbozar una sonrisa.
Por la tarde (era ya tarde) mientras me movilizaba camino a casa iba pensando en mil cosas. También pensé en ti, está demás decirlo, pero ya de una manera diferente, casi global y hasta podríamos denominar genérica. Pensé en ti no como el eje alrededor del cual gira el microcosmos de mi imaginación, sino como uno más de los planetas destinados a estar unidos a mi órbita.
Somos planetas tú y yo, unidos por lazos invisibles, pero pertenecemos cada uno a una órbita distinta.
Y el simple hecho de saberlo me dio la tranquilidad que requería para poder conciliar finalmente el sueño.