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lunes, 30 de agosto de 2010

Diario de un perro azul (XI)

Lección aprendida: ni tú ni yo fijaremos a partir de hoy términos o plazos perentorios. El tiempo definirá.
Todo es posible, cerrar una historia de lejos, continuarla o iniciar una nueva y distinta (eso lo aprendí hoy). Dos palabras bien escritas pueden alcanzar el orgasmo y hacer el amor.
Las cosas son como son, si vienen, vienen; si van, por el contrario, simplemente se van.
Si debo de esperar espero, ya bastante osado fue de mi parte andar presionando como dije en un blog antiguo, tu y yo ya no estamos para presiones, a mi edad y tus años.
No será pues el tiempo un impedimento que estropee más este asunto, sino una especie de doctor sabio que sabrá ubicar primero la enfermedad y luego diagnosticar la cura.
Yo el día de hoy me he sentido particularmente contento, he reído como hace mucho no lo hacía (con tacones y a lo loco, diría Almodóvar), he disfrutado de una agradable compañía que bien me hacía falta, he hablado de ti (por fin), de mi, del mundo, de las impresiones y de los pintores impresionistas (que adoro), de las cosas buenas y malas de las oquedades en el corazón de los seres humanos. Me he leído un libro de Orwell que ahora esconderé bajo los pliegues de mi saco. No tengo auto y soy feliz pensando en la horas que robarle en el bus al sueño y la lectura.
De pronto soy feliz.
Hoy me he tomado un café a espaldas de mi médico y sus recetas de loquero institucionalizado. Será pues a partir de este momento, éste mi único espacio de reflexión, donde me sentiré en libertad para gritar de modo desaforado y profundo. Donde esperaré un tiempo -pero bien sabes que los tiempos no son eternos- y luego abriré los brazos y esperaré -sabes también que no hay espera que dure 100 años-.
Y será como mi jardín secreto, como mi ponceana macho sin flores (con sus alambres y púas), como ese viejo árbol de naranjas del que me hablaste alguna vez (¿minguito?), como mi ilusorio e inaccesible plantación de granadillas, como mi caballito de madera esperando mi retorno. Como todos esos sueños robados que noche a noche juguetean susurrándole galimatías de mi corazón.