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miércoles, 29 de febrero de 2012

No estoy solo

- ¿Aló?
- ¿No reconoces mi voz?
Te reconocí ni bien terminaste de pronunciar la primera palabra. No parecías sorprendida de que continuara conversando contigo. Parecía que tomabas el asunto como la cosa más natural.
- ¿Tendré que seguir esperando en la lluvia?
Apreté por inercia el botón que activó el pasador de la puerta. Oí el sonido de tus sandalias en chocando con los peldaños de la escalera. El fru fru de tu vestido enredándose entre tus piernas. El golpe de la puerta en el pasillo.
- ¿Te sorprende verme?
Tenías el cabello mojado. El agua de la lluvia había empapado tu ropa y resbalaba por tu cuello, tus brazos, tus pechos.
No sabía qué decir. Te alcancé una toalla como un autómata. Luego dos. Tenías ya tres y parecía que nunca ibas a terminar de secarte.
- Estoy mojada -dijiste riendo. Luego te pusiste seria y repetiste: Mojada. Completamente mojada.
No sé en que momento comenzaste a quedarte desnuda. Cuando levanté la mirada era ya muy tarde para detenerte.
- No estoy solo -susurré.
- Yo tampoco -dijiste. Y me obsequiaste un guiño. Quizá una sonrisa.
No supe que decir. Creo que me puse más nervioso. Era todo como irreal.
Sonreí.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Cosquilleo

De pronto he sentido
el renacer de ese cosquilleo
de coger el ordenador
de taladrar sus teclas con mis dedos
-mariposas-.
Paciencia
falta ya muy poco tiempo
para ello.
Para lo otro también.

lunes, 18 de abril de 2011

Novela

De pronto me han dado muchas ganas de escribir
he pensado en una historia
por primera vez, un conjunto de historias
que den vida -entrelazadas-
a una mas compleja
en la forma de una novela.
El contenido lo tengo ya en mi cabeza:
taladra incesante, algunos días
y rumorea bajito, otros.
El nombre que he ideado no me sorprende
debería ya haberlo sabido desde hace mucho tiempo.
Tiempo de escribir:
tendrás que esperar a que termine este asunto de convertirme en quien no debo
tendrás que aguardar con paciencia a que termine de ponerme el traje.

domingo, 30 de enero de 2011

Escribir (de Jorge Rodriguez)

Me gustó este enlace de mi buen (y lejano) amigo Jorge.
De modo que también lo hago mío y lo comparto con ustedes:

Escribir
Uno escribe porque algo le jode, porque algo tiene dentro de su mente que quiere expulsar, aunque no sabe realmente qué. Uno escribe para darle sentido a su vida, para ordenar el caos que lleva adentro. Uno escribe para vengarse de la realidad y embellecer su existencia. Uno escribe para no morir, para tener la sensación “ilusoria” que derrota al tiempo y la muerte. Uno escribe porque es una necesidad que nace de la desilusión de la vida. Uno escribe porque admira a un puñado de escritores que escribieron libros que aún te provocan admiración y que quieres imitar (aun cuando suene a una utopía). Uno escribe porque el tiempo pasa raudo y tienes que dejar tu huella, tu marca que indique que pasaste por la vida. Uno escribe a veces sin motivo y solo por una pulsión de la mente y el cuerpo. Uno escribe para vivir aventuras, esas que son tan escasas en la vida diaria. Uno escribe para no enloquecer. Uno escribe por mil razones que nunca llega conocer ni racionalizar. Uno escribe por pasión. Uno escribe por soledad. Uno escribe por soñador. Uno escribe porque te gustaría que cuando mueras, alguien lea algún texto tuyo y lo haga soñar, reír y emocionarse. Uno escribe, finalmente, para darle un sentido a nuestra existencia.
Paren el mundo que acá me bajo: Escribir

sábado, 30 de octubre de 2010

Sonrisas & relatos

Son las 5 de la mañana
hoy escribí algunas lineas de un relato nuevo
me voy a dormir
sonrío.
Pero quizá mi sonrisa
es una pena
que encierra el secreto atormentado de su soledad.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El problema de algunas personas & blogs

El problema de algunos blogueros amigos o no tan amigos míos, es que presumen que las demás personas sentimos interés por su existencia, que nos mueve la curiosidad por saber de su vida, como quien lee las paginas de un diario.
Nada mas equivocado.
Los lectores tenemos ya bastante de nuestra mierda para interesarnos en el estiércol de otros.
Nos bastan nuestras propias cicatrices.
Se puede trascender sobre la base de la propia experiencia intentando hacerla universal, pero a nadie le importa si te abandono tu novia o si ayer leíste un libro que casi te hizo llorar.
No me cuentes el final de esa novela. No me des tus apreciaciones. No me cuentes tu vida. No.
Si quieres escribir, escribe pensando en los demás, escribe una historia, escribe un poema, vomita tus letras. Jamas lo hagas acerca de ti.
Si buscas terapia, una cura para tu corazón o una suerte de expiación personal, ve con el psiquiatra, el cardiologo o el cura.
Este no es el lugar para la gente insana que busca estar bien, sino para la gente de bien que busca acercarse a la insania
"Vomitas bien", me dijo un buen amigo un día.
Escribe con la viseras, jamas con el corazón.

viernes, 30 de abril de 2010

Sabes que escribo para ti

"Sabes que escribo para ti", me dijo.

Y esa sola frase fue lapidaria y me motivó una vez más a releer cada resquicio de tus escritos -de cabo a rabo, como dirían las abuelas- intentando descubrir alguna frase escondida, algun mensaje oculto o cifrado entre los diálogos de tus personajes, algun desenlace que se pareciera al tuyo, al mío, al de ambos.

Intenté escuchar una voz que me hablara que me dijera algo a mi y solamente a mi.

"Sabes que escribo para ti", me dijo.

Y saberlo fue como la anticipación de una tortura. Una especie de admonición que me convertía en un condenado, un prisionero de cada una de tus letras, expectante de cada nueva publicación, de cada nueva palabra, de cada poema, de cada imagen.
"Sabes que escribo para ti", me dijo.

Y escuché cada palabra como un condenado que va oyendo su condena y la sabe definitiva, sin ninguna chance de intentar un escape, con la certeza de no poder huir más, de tu existencia, de tus recuerdos (que también son los míos), de tu mesa de madera tallada que amaba, de la biblioteca de tu abuelo en la que nos ocultamos del Derecho y del mundo, del fantasma de tu gallo mirón observándonos detrás de la ventana de tu habitación, de tus grititos histéricos, de tus sonrisas ensordecedoras, de las oquedades de tu corazón.