domingo, 13 de noviembre de 2011

Wish

A veces me gustaria
que dejaras de gustarme
un poco
...
solamente
...
just a little.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Como en los libros


Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.
                               Joaquín Sabina 

Hace no mucho me encontré con una de esas viejas compañeras que, durante nuestros años de escuela, se jactaba de vivir las cosas de manera intensa. Tenía en esos tiempos un noviecito de esos al que ella adoraba con una devoción que casi rayaba en lo novelesco. Las personas de la escuela decían que no había cosa más perfecta que la conjunción de ambos. Todos deseábamos en silencio parecernos un poco a ellos. Para las demás parejitas que iniciaban, ambos, eran su molde a seguir, el patrón con el que se medían uno a otro.
Vivían un amor de esos que solo se han escrito en los libros, en los que la existencia de uno era justificación del otro. Era muy peculiar verlos los fines de semana en el parque, al lado de la municipalidad, ya sea manejando bicicleta, compartiendo un helado o recostados sobre el mullido pasto leyendo un libro. Siempre se estaban riendo o se estaban besando.
Cuando terminamos la escuela, supimos por terceras personas que ambos ingresaron a la Universidad el mismo año... luego les perdimos el rastro. En ocasiones cuando coincidía con algún antiguo camarada intentaba indagar qué había sido de ellos. Pero nunca tenían noticias nuevas, apenas algunas vagas conjeturas que siempre comenzaban mas o menos de la siguiente manera: "tienen que estar todavía juntos ¡si eran la pareja perfecta...!".
Hasta el día que me topé con ella mientras tomaba un café en el centro comercial. La reconocí apenas la vi. Tenía todavía algo de ese aire de grandeza que hacía que las chicas menores la imitasen: desde su peinado hasta su forma de vestir.
- ¿Te acuerdas de mi?
Ella me sonrió y luego de observarme por un largo rato, fue aventurando nombres, hasta que por fin, después del número 23 dio con el mío.
- Pues claro que me casé - me respondió luego del segundo café.
Me contó que había vivido durante toda su etapa universitaria el amor más intenso que hubiera podido imaginar. Luego, él tuvo que viajar para hacer unos estudios de doctorado a Londres, de modo que decidieron darse un tiempo hasta su regreso. En el ínterin ambos salieron con una serie de personas hasta que finalmente ella conoció al que ahora era su esposo. No sabía que había sido de la vida de él. Le pregunté si seguía viviendo de manera tan intensa como en la escuela.
- En la vida hay dos tipos de hombres -me dijo-  los que te hacen vivir de manera intensa, como en los libros; y, los que te llevan al altar. Yo escogí al adecuado.
La miré nuevamente a los ojos. De pronto noté que había desparecido algo de su antigua grandeza. Sus facciones estaban contrechas, tenía unas arrugas bajo los ojos, su cuerpo se había engrosado y a toda vista había comenzado a engordar. Ya no me parecía tan bonita.
Me despedí a los pocos minutos. Sentía una extraña opresión en el pecho. Manejé a toda velocidad hasta llegar a mi casa. Mi mujer veía televisión enfundada en un grueso abrigo de lana.
- Hola gordo -me dijo. Tuve que comer con los niños. Tu comida esta sobre la mesa. Esoty muerta. ¿Cómo te fue?
Me acerqué a ella sin que se diera cuenta y la abracé por detrás. Cuando volteó, tenia su rostro pegado al mío. Miré su cabello blanco, sus facciones todavía hermosas.
- Te amo porque me haces vivir la vida de una manera intensa -le dije.
No me contestó. Pero por la humedad de su mirada supe que no necesitaba respuesta.

domingo, 6 de noviembre de 2011

ONE

Lo descubrió de sopetón
como un baldazo de agua fría en invierno.
No era otra cosa que una simple
constatación de la realidad
que gritaba a su oído
"no se puede pretender mantener una quimera".
Debía dejar de luchar contra dragones de fuego
acostumbrarse a su caverna
a la impúdica compañía de su sombra.
Esa canción era un anticipo
de lo que vendría muchos años después
luego de la extinción del recuerdo
de tu mano enredándose en el palpitar de mi sexo.
Tenías razón: somos uno, pero no el mismo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Otoño mutilado

Ayer noté como se desprendian las primeras hojas doradas de los árboles
y pensé inevitablemente en mí
en ti
en aquella tarde en que te prometí
que algún día sería testigo de ello.
Vivo un sueño mutilado
como las hojas de esos árboles
un sueño donde apareces y desapareces como una pesadilla recurrente:
yo hago el papel de aprendiz de marioneta
tú, de eterno expectador que fisgonea mi mente.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Escenas varias

1. No lo quería aceptar pero la verdad era cierta. Se encontraba agotado. Cansado de luchar contra molinos de viento. Agotado de intentarlo, intentarlo, y comenzar una y otra vez hasta perder el sentido.El no era el Quijote y ellos, de ningún modo, gigantes a los que pudiera hacer frente. Cómo hacer frente a la soledad, a la apatía, al pesimismo, a esa manera tan cagona que a veces tenía de restregarle en el rostro lo que era: un pobre soñador que imaginaba ser el personaje de alguna novela de Corín Tellado.
2. Se sentía emocionalmente a punto de perder la conciencia de lo que en verdad quería. Habían ocasiones en que podía estar rodeado de personas y continuaba sintiéndose el ser más solitario del mundo. Aún llevaba a cuestas ese sentimiento de heredada orfandad que probablemente le había transmitido su padre o su abuelo.
3. Habían ya pasado meses desde la última vez, en que se apareció frente a ese desvencijado restaurante con un mamarracho azul bajo el brazo. "Es para que te acompañe -le dijo con timidez. Cuando te sientas solo. "Gracias" -contestó de manera lacónica.
4. Escribo porque me siento cansado, porque no se que otra manera puedo dar rienda suelta a la nostalgia, a la necesidad de verla acaso una vez más. De repetir ese sueño que todavía no termino de soñar.
Imagino más de mil maneras de propiciar el encuentro: en una tranvía, en la soledad de un avión, en el paroxismo final de una comunicación electrónica, en el aeropuerto, quizá en la muerte.
5. Me siento como ese animalito azul que solía soñar dentro de un vaso de vidrio, esperando el momento para volver a ser gigante una vez más y salir volando al mundo, libre de ataduras y de estigmas sociales. Esperando, esperando. Y el mundo sigue girando.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Nunca existió lazo alguno que nos una
jamás te pensé
jamás me pensaste
jamás confié en ti.
Apenas cerré los ojos
y fingí, digamos, no saber
mientras tú, a la vez, fingías, que no sabía.
Era mejor así.
A veces te pienso
y llego a la conclusión que tus torpes y ridículas acciones
son quizá una burda manera de seguir presente en mi vida.
Careces de existencia.
Nunca estuviste, jamás estarás.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mariposa azules

Hace ya bastantes días que dejé de escribir en este espacio, que alguna vez declaré mio.
Hace ya varios días que permanezco en una suerte de mutismo forzado, de hermético silencio, que entrecierro los ojos como quien no quiere ver, pero a través de sus párpados ve.
Hace ya mucho tiempo que no te sueño y hoy, curiosamente, te he soñado, en el mismo lugar y de la misma manera que siempre te sueño.
Y de pronto, sin darme cuenta, he comenzado a pensar en ti, con una necesidad apremiante, con esa especie de angustia que antecede el primer encuentro.
Y he comenzado a sentir mariposas: mariposas azules mordiendo mi vientre, mis entrañas, compartiendo entre ellas curiosas miradas mientras desgarran con sus fauces, en silencio, mi corazón.